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la filtración parece otra vuelta de tuerca en el encubrimiento

«No se suicidó»: Mark Epstein revela a Tucker Carlson el engaño del establishment de EEUU sobre su hermano

La socialité británica Ghislaine Maxwell y Jeffrey Epstein. Europa Press

El de Jeffrey Epstein es, quizá, el caso más bochornoso para la élite gobernante norteamericana. El hombre que, previsiblemente, tenía decenas de pruebas documentales de políticos, jueces, empresarios y, en general, miembros del establishment abusando de esclavos sexuales menores de edad, se «suicidó» oportunísimamente en prisión antes de declarar. Y su socia, Ghislaine Maxwell, ha sido condenada por ofrecer menores para su abuso a… absolutamente nadie, al parecer. ¿Qué motivo medianamente creíble o decente podría haber para ocultarle al mundo el nombre de los clientes de Epstein?

Y casi lo peor ha sido la reciente remesa de testimonios revelando algunos de los clientes, precisamente aquellos que ya eran «voz populi» y que todo el mundo conocía: Bill Clinton, Noah Chomsky, Pritzker… Intentaron por todos los medios implicar a Trump, pero el tiro les salió por la culata en esto. Los demás siguen tachados y ocultos. Lejos de ser una revelación, la filtración parece otra vuelta de tuerca en el encubrimiento.

Un encubrimiento que denuncia la antigua estrella de la Fox, Tucker Carlson, que ha revolucionado una vez más las redes con una entrevista con el único pariente vivo de Epstein, su hermano Mark, sobre un suicidio en el que nadie cree.

¿Qué pasó con Jeffrey Epstein? ¿Alguien se cree la versión oficial, que se suicidó? Muy pocos se lo creen en Estados Unidos. La extraña fortuna de Epstein parece haberse levantado sobre el chantaje a personas muy poderosas a las que invitaba a su isla de Little Saint James, en las Islas Vírgenes de EEUU, en su ya infame avión, el Lolita Express.

Y en esto Tucker resucita el asunto de su muerte, la posibilidad escandalosa de que el propio Gobierno norteamericano ordenara su asesinato, y lanza la bomba. Resulta que Tucker es amigo de alguien que habló con Epstein justo antes de su muerte y, según esta fuente, el proxeneta no estaba abatido ni derrotado. De hecho, justo antes de morir, Jeffrey estaba convencido de que saldría de la cárcel. ¿Por qué un hombre que creía que estaba a punto de ser libre y posiblemente vencer al sistema se quitaría la vida?

Y ahora Tucker entrevista a Mark Epstein, que nunca creyó la versión oficial: la idea de que uno de los hombres más vigilados del mundo, en una de las prisiones más seguras del mundo, pudiera suicidarse gracias a una serie increíble de «casualidades».

«El Gobierno estadounidense afirma que Jeffrey Epstein se suicidó en un centro de detención federal en Manhattan hace cuatro años y medio, justo antes de su juicio. Si eso es cierto, ¿por qué hay tan pocos registros disponibles de esa noche? Aquí está Mark Epstein intentando obtener una copia de uno de los documentos más básicos de todos, el informe de atención prehospitalaria, escrito por el equipo de emergencias médicas que sacó el cuerpo de su hermano de la celda», comenta Tucker.

Mark lo tiene claro: el Gobierno federal asesinó a su hermano. Ninguna otra instancia tendría el poder de hacerlo, de que las celdas de seguridad tuvieran las puertas abiertas. El fiscal general de entonces, Bill Barr, afirma en sus memorias que concluyó que se trataba de un suicidio porque así lo declaró el médico que examinó el cadáver, algo que es sencillamente falso.

Entre otras cosas, Mark Epstein señala que el daño en el área del cuello de Jeffrey Epstein, según los especialistas con mayor experiencia, era consistente con una muerte por estrangulamiento en lugar de un suicidio en la horca. «Es aterrador pensar… que el Gobierno pueda matarte en prisión», añade. «No quiero que la gente piense que se suicidó porque ese no es el caso».

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