El presidente Donald Trump exigió ayer lunes a las compañías farmacéuticas que pongan a disposición del público sus datos sobre la eficacia de las vacunas Covid-19, cuestionando directamente si realmente salvaron vidas y señalando que esta incógnita ha «destrozado» a los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC). En una publicación extensa en Truth Social, el exmandatario aseguró que ha visto «información extraordinaria» de empresas como Pfizer, aunque criticó que nunca se haga pública.
La reclamación de Trump llega en medio de una nueva sacudida en el Departamento de Salud y Servicios Humanos (HHS). La directora de los CDC, Susan Monarez, fue cesada menos de un mes después de asumir el cargo. Según fuentes citadas por The New York Times, la destitución se produjo por sus discrepancias con el secretario Robert F. Kennedy Jr., que mantiene una posición abiertamente crítica con las vacunas.
Mientras tanto, la división en torno a las vacunas se refleja también en la opinión pública. Una encuesta de la Kaiser Family Foundation publicada en mayo indica que sólo el 30% de los votantes republicanos consideran seguras las vacunas frente al 55% de los independientes y el 87% de los demócratas.
La polémica no es nueva. Las dosis de Moderna, Pfizer y Johnson & Johnson fueron alabadas inicialmente como un logro histórico de la Operación Warp Speed —el plan lanzado por la Casa Blanca de Trump en 2020 para acelerar su desarrollo—, pero ya en 2021 recibieron críticas por no evitar contagios en todos los vacunados. Hasta 2025, según la OMS, se han administrado en Estados Unidos más de 711 millones de dosis y alrededor del 70% de la población ha recibido la pauta completa.
Trump, que en su momento definió las vacunas como un «milagro navideño», ha reducido sus referencias a la pandemia en los últimos años, aunque insiste en que el proceso de producción durante su mandato fue un éxito. No obstante, parte de su base electoral lo reprocha por haber avalado confinamientos en los primeros meses de la crisis sanitaria.
Por su parte, Kennedy ha variado de postura: en 2021 llegó a afirmar que las vacunas contra la COVID eran «las más letales jamás fabricadas», mientras que en 2024 suavizó su discurso asegurando que no se las retiraría a quienes les resultaran útiles.
En paralelo, los republicanos en la Cámara de Representantes investigan si la producción de las vacunas se ralentizó de manera intencionada antes de las elecciones de 2020. Para ello, incluso han llamado a declarar a un antiguo científico de Pfizer, que compareció en julio sobre las acusaciones.