La candidata demócrata al Congreso de Estados Unidos Esther Kim Varet ha defendido públicamente su decisión de abortar a su tercer hijo al considerar que tener más descendencia supondría un «impacto excesivo en el planeta».
Según ha explicado en una entrevista, Varet había recurrido previamente a la fecundación in vitro para tener a sus dos primeros hijos. Sin embargo, a los 41 años quedó embarazada de forma natural y optó por abortar en una decisión conjunta con su marido. «Sabíamos que solo queríamos dos hijos, un chico y una chica», afirmó.
La candidata ha vinculado su decisión a convicciones ideológicas de carácter medioambiental. «Somos grandes ambientalistas. Filosóficamente, no queremos exagerar nuestro impacto en el mundo«, sostiene. También ha defendido que su planteamiento pasa por «reemplazarse» como pareja, sin aumentar la población más allá de ese umbral.
Sus declaraciones reabren el debate sobre el uso de argumentos medioambientales para justificar el aborto, especialmente cuando se trata de embarazos sanos. El caso refleja cómo este tipo de decisiones se vinculan cada vez más a planteamientos ideológicos que relacionan la natalidad con el impacto sobre el planeta.