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tras el fin del título 42

¿’Welcome refugees’? Cunde el pánico ante la invasión de inmigrantes en las «ciudades santuario»

Frontera de EEUU. Europa Press
Frontera de EEUU. Europa Press

Una cosa es predicar y otra dar trigo. Los estados y ciudades demócratas de Estados Unidos llevan años haciendo despliegue de virtud woke y sermoneando a sus impuros compatriotas conservadores con un discurso decididamente multicultural y proinmigración, pero el discurso está cambiando a toda velocidad cuando les ven las orejas al lobo. Y es que la invasión desde el sur tras la expiración del Título 42 y la decisión de algunos estados sureños de enviar tantos autobuses cargados de recién llegados como puedan en su dirección les tiene que no les llega la camisa al cuerpo.

El miércoles, solo un día antes de que expire el Título 42, el alcalde de la ciudad de Nueva York, Eric Adams, firmó una orden ejecutiva que facilita los requisitos de alojamiento para las familias sin hogar. La orden suspende las leyes de la ciudad que regulan cómo, cuándo y dónde se puede albergar a las familias sin hogar.

«Con más de 130 centros de emergencia y ocho de ayuda humanitaria ya abiertos, hemos llegado a nuestro límite y esta última semana tuvimos que recurrir a albergar temporalmente a los recién llegados en gimnasios», declaró Fabien Levy, portavoz del alcalde demócrata, en un comunicado. Según Bloomberg, la ciudad está gastando 8 millones de dólares diarios en albergar a 40.000 solicitantes de asilo. Durante la última semana han ido llegando más de quinientos migrantes por día. La crisis migratoria de la ciudad ha sido tan grave que el alcalde planea enviar varios cientos de inmigrantes varones adultos a hoteles en Orange Lake y Orangeburg, en el norte del condado de Rockland. En los últimos meses, inmigrantes de Texas y otros estados fronterizos han sido transportados en autobuses, lo que enfureció a Adams y sus compañeros demócratas.

No pueden decir que no se lo hayan buscado. La Administración demócrata lleva desde el principio ignorando esta invasión anunciada, y ahora que entran unos 150.000 cada día y muchos de ellos están llegando a las ciudades demócratas ya es tarde, aunque Biden, siempre en campaña, ha reaccionado enviando refuerzos a la frontera.

En otro de los feudos demócratas —y, por tanto, entusiastas teóricos de la inmigración ilegal masiva—, Chicago, los ánimos no están mejor ante lo que se les viene encima de golpe. Los habitantes de la Ciudad del Viento andan como pollos sin cabeza ante la llegada de miles de migrantes que arriban a la ciudad en autobús desde Texas, un aumento que se espera que se acelere.

Según los funcionarios municipales, las llegadas de inmigrantes se han multiplicado por diez, esquilmando los recursos financieros de Chicago y llevando a sus habitantes a protestar durante una reunión el jueves por la noche con los líderes de la ciudad en South Shore. Vista de cerca, la cosa no es tan bonita.

«De repente hay un montón de dinero para beneficiar a gente que no paga impuestos», dijo uno los asistentes a la reunión. «Entiendo que hay que ayudar a la gente, pero empezando por los de casa». No sé a ustedes, pero a mí eso me ha sonado terriblemente fascista.

La primera parada son comisarías y colegios, aunque ya hay un plan para trasladar a algunos de ellos a los estadios de un distrito. Pero ni siquiera se ha informado a las familias que utilizan servicios como la guardería del distrito.

Las tensiones entre los demócratas que están sufriendo la crisis y sus correligionarios más afortunados llegan en un momento difícil para el presidente Biden, cuando se embarca en su campaña de reelección.

«La administración de Biden ha tenido dos años para prepararse y no lo ha hecho», ha declarado la senadora exdemócrata por Arizona, ahora independiente, Krysten Sinema. «Y nuestro estado se llevará la peor parte».

El miércoles por la noche, la Administración de Biden intentó cambiar el rumbo con un conjunto de nuevas reglas que rechazarían rápidamente las solicitudes de asilo para la mayoría de las personas que cruzan la frontera y que no habían solicitado asilo previamente en otro país primero. Además, casi 1.500 militares están siendo enviados a la frontera suroeste para ayudar a las autoridades locales a lidiar con la afluencia esperada de inmigrantes.

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