
Los servicios de seguridad italianos mantienen bajo especial vigilancia alrededor de 150 centros islámicos informales por su posible vinculación con ambientes fundamentalistas y siguen los movimientos de entre 400 y 500 perfiles considerados especialmente sensibles, según una información publicada por Il Giornale.
El periódico italiano asegura que Antiterrorismo y la Agenzia Informazioni e Sicurezza Interna (AISI) tienen censados en el país más de 1.200 «musalla» —salas de oración— y centros islámicos informales, instalados en muchos casos en garajes, bajos comerciales, antiguos almacenes, pabellones industriales o locales utilizados formalmente como asociaciones culturales.
De ese conjunto, unos 150 estarían sometidos a una atención especial por la presencia de predicadores o ambientes considerados de orientación fundamentalista.
Dentro de esa red, los investigadores seguirían a entre 400 y 500 «perfiles clave», una categoría en la que la información incluye predicadores radicales, dirigentes informales y jóvenes que habrían mostrado procesos avanzados de radicalización.
La preocupación de los servicios italianos no se concentra en las grandes mezquitas oficialmente reconocibles, sino especialmente en la extensa red de pequeños lugares de culto que funcionan al margen de las estructuras religiosas más institucionalizadas.
Estos espacios pueden reunir a decenas o cientos de fieles y, debido a su carácter informal, resultan más difíciles de supervisar desde el punto de vista administrativo. Eso no significa que un centro islámico informal sea por definición radical ni que sus asistentes estén vinculados al extremismo.
De hecho, la inmensa mayoría de los aproximadamente 1.200 centros mencionados no figura dentro del grupo de 150 sometido a especial atención. El problema que preocupa a las autoridades aparece cuando esos lugares sirven como punto de reunión de predicadores extremistas, redes de captación o individuos previamente detectados por los servicios antiterroristas.
Según la reconstrucción publicada por Il Giornale, Lombardía encabeza el mapa de vigilancia, particularmente Milán y las zonas industriales de Brescia, Bérgamo y Varese. Le siguen Emilia-Romaña, especialmente el eje Bolonia-Módena-Piacenza; Piamonte, con especial atención a Turín; y Lacio, incluida Roma.
Las autoridades prestan tradicionalmente atención a determinados ambientes radicales de origen norteafricano, pero los investigadores estarían detectando también una creciente actividad extremista en pequeñas franjas procedentes del sur de Asia, especialmente entre individuos de origen paquistaní y bangladesí. La advertencia se refiere a grupos y perfiles concretos y no permite trasladar esa consideración al conjunto de estas comunidades nacionales o religiosas.
El Gobierno de Giorgia Meloni ha convertido las expulsiones administrativas de extranjeros considerados peligrosos para la seguridad nacional en una de sus herramientas contra el islamismo radical.
La legislación italiana permite ordenar la salida del país de ciudadanos extranjeros cuando los servicios consideran acreditados determinados riesgos vinculados con extremismo o terrorismo, incluso cuando no existen elementos suficientes para formular una acusación penal por preparación de un atentado.
Esta estrategia no es nueva. El propio Ministerio del Interior italiano explicaba ya años atrás que las expulsiones constituían una de las herramientas fundamentales para actuar contra individuos radicalizados cuando el grado de amenaza era elevado pero todavía no se había materializado un delito terrorista perseguible judicialmente.
Según la información de Il Giornale, durante los últimos años Italia ha ejecutado más de un centenar de expulsiones vinculadas a razones de seguridad y radicalización.