
Los socialdemócratas de la primera ministra Mette Frederiksen han perdido el control de Copenhague por primera vez en 122 años, un derrumbe electoral que refleja el desgaste acelerado de la izquierda urbana en el norte de Europa y anticipa un posible vuelco nacional.
El martes, en las elecciones locales, los Socialdemócratas quedaron relegados al tercer puesto en la capital, su bastión simbólico y sociológico desde comienzos del siglo XX. Una derrota que revela un cambio profundo en el electorado danés y que cuestiona directamente el futuro político de Frederiksen.
La candidata del partido, Pernille Rosenkrantz-Theil, reconoció públicamente la magnitud del golpe, admitiendo que era «completamente imposible» retener la Alcaldía Mayor. Las negociaciones para elegir al nuevo regidor continúan, pero los socialdemócratas han sido excluidos de las conversaciones, un hecho impensable hasta hace apenas unos años.
El retroceso del partido en la capital no es un caso aislado. A nivel nacional cayó hasta el 23,2% de los votos, cinco puntos menos que en 2021, lo que agrava las dudas sobre la fuerza electoral del Gobierno de cara a las próximas legislativas. El desgaste urbano de la izquierda —durante décadas dueña del voto joven, progresista y universitario— parece consolidarse también en Dinamarca, como ya ocurre en Alemania, Suecia o los Países Bajos.
Mientras tanto, en segundo plano, otro desafío estratégico para Copenhague sigue latente: el creciente impulso independentista en Groenlandia, territorio clave para la proyección geopolítica de Dinamarca en el Ártico. El debilitamiento de los socialdemócratas podría alterar el equilibrio político en un asunto que, en los últimos años, ha ido escalando silenciosamente.