«Ser es defenderse», Ramiro de Maeztu
Afectarán a todos los vehículos, independientemente de su tecnología de propulsión

Bruselas acrecienta su persecución climática: la nueva norma Euro 7 también penalizará a los coches eléctricos con componentes mecánicos «contaminantes»

Un coche eléctrico cargado en una gasolinera. Redes sociales

Por primera vez, el coche eléctrico, hasta ahora completamente protegido por las autoridades, se convertirá también en emisor de contaminantes. Así lo establece la nueva normativa europea de emisiones Euro 7, que comenzará a aplicarse de manera gradual a partir de 2026. Con ella, el viejo paradigma que consideraba a los vehículos eléctricos como «libres de emisiones» quedará atrás, inaugurando una nueva etapa en la que incluso los automóviles sin tubo de escape estarán sujetos a límites de contaminación.

El cambio legislativo introduce un enfoque inédito: las emisiones no se medirán sólo en función del combustible, sino también de los componentes mecánicos. La Euro 7 evaluará la contaminación derivada del desgaste de los neumáticos y de los frenos, dos fuentes hasta ahora ignoradas pero que liberan grandes cantidades de partículas finas al medio ambiente. Estas nuevas restricciones afectarán a todos los vehículos, independientemente de su tecnología de propulsión, lo que significa que la etiqueta de «coche limpio» dejará de depender exclusivamente del motor.

A partir de noviembre de 2026, los eléctricos de nueva homologación deberán cumplir con límites de partículas derivados del frenado y la abrasión de neumáticos. Un año más tarde, desde finales de 2027, la obligación se extenderá a todos los modelos nuevos matriculados en Europa. Para la Comisión Europea, el objetivo es poner fin a la falsa percepción de que la movilidad eléctrica no contamina y garantizar una evaluación más completa del impacto ambiental de cada vehículo.

El motivo de este giro regulatorio se encuentra en la física, no en el motor. Aunque los eléctricos no emiten gases, el peso de sus baterías —especialmente en los SUV de gran tamaño— multiplica la fricción de las ruedas y el desgaste de los frenos. Durante las frenadas o aceleraciones, se liberan partículas microscópicas que acaban en el aire que respiramos o se depositan en el suelo. En los modelos más pesados, el volumen de estas partículas puede superar al de los automóviles diésel modernos equipados con filtros de partículas y catalizadores avanzados.

Los nuevos ensayos exigidos por Euro 7 se realizarán tanto en laboratorio como en tráfico real, con variaciones de temperatura y humedad. De este modo, un pequeño utilitario de 1,2 toneladas será evaluado con menor severidad que un SUV eléctrico de 2,5 toneladas, cuyo mayor peso genera inevitablemente más partículas. Para cumplir los nuevos requisitos, los fabricantes deberán desarrollar frenos con sistemas de captura de polvo y neumáticos fabricados con compuestos de baja abrasión.

El neumático, en particular, se convierte en un nuevo foco de preocupación. Su desgaste depende del tamaño, del tipo de goma y del estilo de conducción. Cuanto más ancha y pesada es la rueda, mayor es la cantidad de micropartículas liberadas en el asfalto y el aire. Según la Comisión, esta fuente de contaminación urbana había sido infravalorada durante años pese a su enorme incidencia en la calidad del aire.

En este contexto, la Euro 7 no busca rehabilitar el motor de combustión, sino redefinir la manera de entender las emisiones en el transporte. El nuevo marco regulatorio quiere dejar atrás la visión simplista del coche «verde» frente al «contaminante», para medir de forma más global el impacto ambiental de todo el ciclo de uso. La norma obliga a los fabricantes a repensar materiales, frenos y neumáticos, no sólo el tipo de propulsión.

Para los conductores, el cambio implicará nuevas obligaciones: los eléctricos ya no estarán exentos de controles medioambientales, y los criterios de acceso a las zonas de bajas emisiones podrían revisarse. Muchos de los privilegios actuales —como los aparcamientos gratuitos o las exenciones fiscales— podrían desaparecer si el vehículo supera los límites de partículas establecidos.

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