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Las empresas deberán adaptar sus sistemas

Bruselas encarece la taza de café: la UE somete el soluble a nuevas exigencias verdes

Ursula von der Leyen. Europa Press.

La Unión Europea ha incluido el café soluble en su ley contra la deforestación, una norma que obliga a las empresas a demostrar que las materias primas que venden en territorio comunitario no proceden de zonas deforestadas.

La decisión supone más controles, más papeleo y más costes para la industria cafetera. Y, como suele ocurrir con la burocracia verde de Bruselas, una parte de esa factura terminará probablemente en el bolsillo del consumidor, según recoge Libre Mercado.

El café tostado y el descafeinado ya estaban incluidos desde el inicio en la normativa. Ahora, la Comisión Europea amplía el alcance de la ley al café soluble, en un momento especialmente delicado por el encarecimiento de la materia prima.

Más controles para vender café en Europa

La ley exige que las empresas acrediten que los productos comercializados en la Unión Europea no proceden de terrenos deforestados después de diciembre de 2020.

Para cumplir con esta obligación, las compañías deberán recopilar información de toda la cadena de producción, geolocalizar el origen de las materias primas y presentar una declaración de diligencia debida antes de poder vender sus productos. En la práctica, esto significa más cargas administrativas para importar y comercializar un producto tan cotidiano como el café.

Entrada en vigor en 2026 y 2027

La nueva obligación comenzará a aplicarse el 30 de diciembre de 2026 para las empresas medianas y grandes. Para la mayoría de microempresas y pequeñas empresas, el plazo se retrasará hasta el 30 de junio de 2027. El café soluble se suma así a otros productos afectados por la ley, como el cacao, la carne de vacuno, la madera o la soja.

La medida llega en un contexto de fuerte tensión en el mercado internacional del café. Durante los últimos años, el precio de la materia prima se ha disparado por las malas cosechas en Brasil y Vietnam, los dos grandes productores mundiales. A esa presión se suma ahora una nueva capa regulatoria impuesta por Bruselas.

Las empresas deberán adaptar sus sistemas de trazabilidad, recopilar más documentación, asumir nuevos trámites y reforzar los controles sobre proveedores y cadenas de suministro. El resultado previsible será un aumento de los costes de producción, importación y distribución.

El consumidor pagará la factura

Bruselas sostiene que ha simplificado la normativa, pero la realidad es que cada nueva exigencia aumenta los costes para las empresas y termina afectando al precio final. El café soluble, consumido a diario por millones de europeos, puede convertirse así en una nueva víctima de la agenda regulatoria comunitaria.

La Unión Europea insiste en aprobar normas en nombre del medio ambiente sin valorar suficientemente su impacto en la economía real, en las pequeñas empresas y en los consumidores.

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