Un depredador sexual que actuaba con total impunidad en el metro de Londres ha sido finalmente condenado a 22 meses de prisión tras agredir a varias mujeres y acosar de forma sistemática a otra durante meses.
Craig Anderson, de 38 años, llevó a cabo sus ataques en algunas de las estaciones más transitadas de la capital británica —como Bank, Liverpool Street y Westminster— así como en Redhill, en Surrey. Su patrón era siempre el mismo: seleccionaba a mujeres solas, iniciaba una conversación y, tras ganarse mínimamente su confianza, las agredía y huía entre risas.
Las agresiones, que se produjeron entre junio y octubre del año pasado, incluyeron tocamientos sexuales no consentidos en plena vía pública. En varios casos, las víctimas fueron sorprendidas por la espalda en escaleras mecánicas o pasillos del metro. Las imágenes de las cámaras de seguridad muestran al agresor sonriendo y burlándose de sus víctimas, incluso sacando la lengua tras los ataques.
Uno de los episodios más graves fue el acoso continuado a una mujer a la que conoció en un tren. Tras obtener su número de teléfono, Anderson la hostigó durante meses utilizando hasta ocho números distintos. Le envió imágenes sexuales sin consentimiento, la siguió en sus trayectos diarios e incluso llegó a arrebatarle el teléfono y la medicación, impidiéndole escapar de su control.
En otra ocasión, la persiguió hasta el baño de una estación después de que la víctima intentara huir de él. La mujer declaró haber quedado profundamente afectada psicológicamente por la experiencia.
A pesar de este comportamiento reiterado, Anderson ya contaba con antecedentes graves: había sido condenado previamente por acoso a una expareja y acumulaba hasta 49 delitos en su historial. En el momento de los hechos, además, se encontraba incumpliendo una condena suspendida.
El juez del caso fue contundente: calificó al agresor como un individuo con «creencias distorsionadas sobre su relación con las mujeres» y advirtió de un alto riesgo de reincidencia. Durante el juicio, la Fiscalía subrayó que Anderson actuaba de forma deliberada contra mujeres vulnerables en espacios públicos, sin mostrar ningún tipo de arrepentimiento. De hecho, durante su detención llegó a realizar comentarios ofensivos hacia las víctimas y a minimizar la gravedad de sus actos.
La Policía de Transporte británica lo describió como «un depredador peligroso» que actuaba para su propia gratificación sexual y destacó el papel clave de las víctimas para lograr su condena.