El Gobierno de Dinamarca ha reactivado el estudio jurídico para prohibir o limitar la difusión pública de la llamada islámica a la oración —el adhan— mediante altavoces.
El ministro de Inmigración e Integración, Morten Bødskov, ha defendido la iniciativa con una declaración contundente: «Las llamadas a la oración no deben resonar sobre los tejados daneses. No tienen cabida en Dinamarca, y nadie debería preguntarse si ha terminado en un suburbio de Islamabad cuando camina por el país».
La medida todavía no constituye una prohibición aprobada, pero el Ejecutivo analizará cómo restringir estas emisiones sin vulnerar la libertad religiosa.
La libertad religiosa no implica ocupar el espacio común
La propuesta no impide a los musulmanes rezar ni practicar su religión. Se centra en la utilización de altavoces para proyectar una llamada ritual sobre barrios enteros.
Bødskov considera que Dinamarca debe protegerse frente a una islamización creciente del espacio público. Su posición parte de una idea elemental: la integración exige que quienes llegan se adapten a la sociedad de acogida, no que ésta transforme su identidad para acomodar cada costumbre importada.
La libertad religiosa protege las creencias individuales, pero no obliga a una nación a renunciar a sus referencias culturales.
Un debate que trasciende a Dinamarca
La declaración resulta especialmente significativa porque procede de un ministro socialdemócrata. Dinamarca mantiene desde hace años una de las políticas migratorias más firmes de Europa, incluso bajo gobiernos de izquierda. El país ha comprendido que la tolerancia sin límites puede desembocar en segregación, comunidades paralelas y pérdida de cohesión nacional.
El Ministerio consultó a 98 municipios y sólo Copenhague, Odense y Brøndby comunicaron quejas o solicitudes relacionadas con llamadas públicas a la oración. Sin embargo, el Gobierno considera que los límites deben fijarse antes de que la práctica se generalice.
Defender la identidad no es perseguir una religión
La iniciativa deberá resolver cómo diferenciar el adhan de expresiones tradicionales como las campanas de las iglesias. La diferencia no es menor: las campanas forman parte de la historia danesa desde hace siglos, mientras que la llamada islámica responde a una transformación demográfica reciente.
Dinamarca no pretende prohibir una fe, sino recordar que la hospitalidad no obliga a entregar el paisaje cultural de una nación.