«Ser es defenderse», Ramiro de Maeztu
Han tenido que cambiarla de colegio y ha recuperado la sonrisa

El infierno de Yara, la única alemana de su clase: sufre acoso, marginación y el corte de su pared abdominal con un objeto afilado con sólo seis años

Yara, niña de seis años. Redes sociales

Yara es la única que habla alemán en su clase. Esta tendencia, cada vez más habitual en los colegios de Alemania, le ha supuesto a esta niña de seis años una experiencia de soledad, incomprensión y problemas de integración que sus padres han denunciado públicamente.

Al comenzar el curso, la pequeña estaba ilusionada con su nueva escuela, la Carl Anton Henschel. Sin embargo, pronto descubrió que en su grupo apenas dos alumnos entendían el idioma, mientras que el 95% del alumnado tenía origen extranjero y se comunicaba en otras lenguas. La niña, que sólo podía expresarse en alemán, se sintió aislada desde el primer día.

Su padre, Mike, relata que en la primera reunión escolar se quedó «totalmente perdido» cuando un traductor improvisado comenzó a explicar en turco las palabras de los profesores. «Me di cuenta de cómo debía sentirse mi hija», señala. La situación empeoró cuando, en otra ocasión, el encuentro con las familias directamente se suspendió porque la traductora estaba enferma y nadie comprendía nada.

Las consecuencias emocionales no tardaron en aparecer. Yara comenzó a sufrir insomnio, episodios de tristeza y hasta dolores físicos que, según sus profesores, eran frecuentes. La menor aseguraba sentirse sola y sin amigos, algo que alarmó a sus padres.

El punto más grave llegó durante un recreo: la niña fue agredida por otro menor que le produjo cortes en la piel con un objeto metálico. El incidente, narrado por la familia, fue minimizado por el centro, lo que llevó a los padres a acudir a la policía y a exigir un cambio inmediato de escuela.

Tras el traslado, la situación cambió radicalmente. En su nuevo colegio, Yara por fin tiene compañeros con los que puede hablar en su idioma y establecer vínculos reales. Sus padres aseguran que la niña ha recuperado la sonrisa y la motivación por aprender.

El caso de Yara pone sobre la mesa un debate que se repite cada vez con más fuerza en Alemania: las dificultades de integración de los niños germanohablantes en centros donde el porcentaje de alumnos con raíces extranjeras es muy elevado, y el reto que supone garantizar la convivencia y el aprendizaje en igualdad de condiciones.

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