La Oficina Europea de Policía (Europol) ha desvelado un nuevo mapa del crimen organizado en la Unión Europea, marcado por redes cada vez más flexibles, transnacionales y con capacidad para operar como verdaderas estructuras empresariales. Según su último informe, las organizaciones criminales más peligrosas ya no responden al modelo clásico de bandas locales, sino a entramados internacionales con recursos, contactos y capacidad de adaptación.
El documento identifica 731 redes activas en territorio europeo, integradas por más de 400.000 personas de 118 nacionalidades. Europol advierte de que estas organizaciones se mueven con rapidez, sustituyen a los grupos desarticulados y aprovechan cualquier oportunidad económica, desde el narcotráfico hasta el fraude, la trata de seres humanos, el tráfico de inmigrantes, el blanqueo de capitales o los delitos contra la propiedad.
Uno de los datos más relevantes del informe es que el 85% de las redes más amenazantes utiliza empresas legales para ocultar sus actividades ilícitas. Esa estrategia les permite camuflar beneficios, mover dinero y acceder a la economía formal mediante sociedades pantalla, profesionales interpuestos y sectores vulnerables a la corrupción.
El comisario europeo de Interior y Migración, Magnus Brunner, ha advertido de que la UE no se enfrenta a simples grupos callejeros, sino a organizaciones criminales multinacionales. Estas redes identifican mercados rentables, destinan recursos a expandirse y se apoyan en abogados, contables, agentes inmobiliarios y otros perfiles profesionales para proteger sus ganancias y lavar el dinero obtenido.
El narcotráfico continúa siendo el principal negocio del crimen organizado europeo, especialmente en torno a la cocaína y las drogas sintéticas. Europol señala que una de cada cinco redes peligrosas mantiene vínculos con Iberoamérica, aunque su actividad se extiende también al cibercrimen, la explotación de personas, la extorsión y el reclutamiento de menores.
La agencia alerta, además, de que un 6% de las redes detectadas emplea a niños y adolescentes de entre 8 y 17 años para tareas de riesgo. Entre esas actividades figuran el reparto de droga, labores de vigilancia o incluso acciones violentas, lo que refleja la creciente capacidad de estos grupos para explotar a menores dentro de sus estructuras.
Francia aparece como uno de los ejemplos del nuevo modelo criminal con el auge de la llamada Mafia DZ, surgida en el entorno del narcotráfico de Marsella. A diferencia de las mafias tradicionales, esta red no controla la producción ni la importación de droga, sino que actúa como mayorista y se apoya en alianzas con otros grupos para asegurar cargamentos y ampliar su presencia territorial.
Su expansión desde Marsella hacia ciudades como Aviñón, Sète, Valence, Lyon, Poitiers, Dijon o Rennes muestra la capacidad de estas organizaciones para crecer de forma descentralizada. En 2024, además, el grupo habría diversificado sus actividades hacia la extorsión para financiar disputas territoriales, recurriendo a amenazas, incendios y ataques contra negocios, artistas e influencers.
Europol insiste en que detener a individuos no basta para neutralizar el problema. La agencia defiende que la prioridad debe ser golpear las estructuras de mando, cortar los flujos financieros, decomisar activos y desmantelar la infraestructura digital que permite a estas redes coordinar sus operaciones.
La respuesta europea pasa por reforzar la cooperación policial entre Estados miembros, vigilar mejor los grandes centros logísticos y proteger puertos y rutas comerciales frente a la infiltración criminal. En esa línea se enmarca la Alianza Portuaria, una iniciativa público-privada lanzada en 2024 para combatir la entrada de droga y la corrupción en infraestructuras clave.
La Comisión Europea también plantea aumentar los medios de Europol. Bruselas ha propuesto ampliar el mandato de la agencia y elevar su presupuesto hasta los 3.000 millones de euros para el marco financiero 2028-2034, dentro de un paquete de medidas destinado a cerrar los espacios legales y operativos que aprovechan las redes criminales.
El mensaje central de Europol es que el crimen organizado europeo se ha convertido en un fenómeno empresarial, digital y globalizado. Por ello, las autoridades comunitarias consideran imprescindible una respuesta coordinada más allá de las fronteras nacionales, capaz de actuar contra las redes completas y no sólo contra sus miembros visibles.