«Ser es defenderse», Ramiro de Maeztu
Hughes, de formación no periodística, es economista y funcionario de carrera. Se incorporó a la profesión en La Gaceta y luego, durante una década, en el diario ABC donde ejerció de columnista y cronista deportivo y parlamentario y donde también llevó el blog 'Columnas sin fuste'. En 2022 publicó 'Dicho esto' (Ed. Monóculo), una compilación de sus columnas.

Españoles

1 de julio de 2026

Bertín Osborne ha montado, en compañía de otros, una empresa que se llama Española de Telefonía. Su imagen corporativa es la señal de wifi coronada por unas astas de toro. El cachondeito de los medios ha sido fino y en su propia defensa salió en un fotocol a contar que el personal que atiende (doscientos) es español, «damos trabajo a españoles y los socios somos españoles», y luego añadió unas correctas aunque más habituales consideraciones sobre la bandera, lo nuestro, el orgullo de ser español y el gran país que tenemos a pesar de los pesares,

Yo no sé si estaré ya muy mal pero a mí me tocó un poco la fibra. En el sentido de que me vine un poco arriba. Me gustó. Dije ole, esto es. Aunque me quedé pensativo:  hombre, Paco, ¿no estás ya muy facilón?

¿Qué fue lo que me gustó? No fue cuando habló del orgullo. El orgullo de ser español. Yo no sé si la palabra es orgullo. Para mí fue el modo en el que Bertín repetía «españoles» y «españoles». La repetición, la reiteración,  que anunciaba un empeño, terquedad, y que me sonaba un poco al «ganar y ganar» de Luis Aragonés. Españoles y españoles. Dos tazas. Y además de esa intensificación sonora, de ese efecto quizás puramente lingüístico, había otra cosa: la relación entre empleados y empleadores; la idea, que decidí creer y asumir como irreprochable, de españoles formando un negocio para contratar a españoles.

Aparecía el español-empresario y, sobre todo, el español-trabajador, llevados en abstracto a un plano en el que estaban solos en el mundo, en el que solo se tenían, en realidad, unos a otros. ¿Expresó Bertín Osborne, un poquito ya hasta las narices, y con cierta chulería connatural, una forma de solidaridad activa entre compatriotas?

La palabra España a veces la agotan, pero la palara «españoles», de repente se me vivificó (en labios de Bertín, como si fuera una ranchera). ¿Era el «españoles» con el que iniciaba los discursos cierto gobernante?

Si se dice «españoles» parece que se revela su soledad, lo solos que están. Su debilidad y también su fuerza.

Háganlo ustedes. Piensen en españoles, Considérense eso: españoles. Piensen quizás en un momento en el que están en el extranjero y aparecen otros españoles, incluso adoptando la forma ruidosa nuestra del turista, ¿no emociona cualquier español en tierra extraña? ¿No es uno siempre Alfredo Landa ante el compatriota cuando está fuera? ¿No suena siempre una jota por dentro? Yo creo que el primer impulso alegre del español hacia el otro español nos define.

«Españoles». Qué rara palabra. Españoles. Es mucho o a lo mejor no es tanto. Pero es lo que somos. Somos españoles. Y sin perjudicar a nadie, no estaría mal si unos españoles deciden ayudar a otros españoles. Ni siquiera ayudar. Dar una oportunidad. En su condición de españoles y por su condición de españoles. Pueden coronar su propósito poniendo a cualquier cosa unos cuernos de toro, o una peineta, lo que sea.

Bertín dio con una tecla, al menos, dio con mi tecla. Seguramente necesito unas vacaciones.

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