El Parlamento del Reino Unido ha aprobado una controvertida ley que prohibirá la compra de tabaco de por vida a todos los ciudadanos nacidos a partir de 2009, en una medida sin precedentes que redefine la relación entre el Estado y las libertades individuales.
La norma, incluida en el nuevo proyecto legislativo sobre tabaco y vapeo, ya ha sido respaldada tanto por la Cámara de los Comunes como por la Cámara de los Lores, y sólo queda pendiente del trámite formal de la sanción real por parte de Carlos III.
El mecanismo es claro: a partir de 2027, la edad legal para comprar tabaco aumentará progresivamente cada año, de modo que las personas nacidas después de 2008 nunca podrán adquirir legalmente estos productos, independientemente de su edad adulta.
El Gobierno británico justifica la medida como un paso hacia una «generación libre de humo», argumentando que reducirá enfermedades y aliviará la presión sobre el sistema sanitario. Sin embargo, la decisión ha reabierto un debate de fondo sobre los límites del poder estatal.
La ley no prohíbe fumar como tal, pero convierte en delito la venta de tabaco a toda una cohorte de población, estableciendo una diferenciación permanente entre ciudadanos en función de su fecha de nacimiento.
Además, el texto endurece las restricciones sobre el vapeo, prohibiendo su venta a menores de edad, limitando su promoción y ampliando los espacios donde no se podrá fumar, incluso en determinados entornos al aire libre.
Las sanciones para los comerciantes que incumplan la norma incluyen multas económicas y la retirada de licencias, lo que incrementa la presión regulatoria sobre el sector.