Un total de 81 diputados laboristas han pedido públicamente la renuncia del primer ministro británico, Keir Starmer, tras los malos resultados en las recientes elecciones locales y el creciente malestar interno en el partido.
Según una actualización difundida este lunes por la cuenta Politics UK, la cifra de parlamentarios laboristas que exigen la salida de Starmer ha aumentado a 54 después de que, en los últimos minutos, la diputada Catherine McKinnell y el diputado Alan Gemmell se sumaran públicamente a las críticas. Ambas figuras han emitido declaraciones en las que expresan su preocupación por la dirección del Gobierno y los resultados electorales que han dejado al Partido Laborista en una posición vulnerable.
Esta rebelión interna representa un golpe significativo para Starmer, quien asumió el cargo en julio de 2024 tras una victoria histórica en las urnas. Fuentes cercanas al partido indican que el descontento se ha agravado por una serie de contratiempos, entre ellos el bajo apoyo en las elecciones locales de mayo, donde los laboristas perdieron terreno frente a los conservadores y al partido soberanista Reform UK de Nigel Farage. Críticos dentro del partido señalan que las políticas de austeridad fiscal, los recortes en prestaciones sociales y una percepción de desconexión con la base obrera tradicional han erosionado la popularidad del primer ministro. Además, según el Telegraph, hoy mismo seis ministros le exigirán su dimisión.
Hasta el momento, el número de diputados que respaldan una moción de censura interna se acerca peligrosamente al umbral necesario para activar un desafío formal a su liderazgo: se requiere el apoyo del 20% de los parlamentarios laboristas (aproximadamente 81 de los 403 actuales). Con 54 ya posicionados, analistas políticos estiman que el «goteo» de renuncias podría acelerarse en las próximas horas si no se produce una respuesta contundente desde Downing Street.
Starmer, que en la mañana de ayer pronunció un discurso en el que reafirmaba sus «principios fundamentales» y prometía «arreglar las bases» del país, no ha respondido aún a las nuevas declaraciones. Un portavoz de Downing Street se limitó a señalar que «el primer ministro sigue centrado en entregar resultados para el pueblo británico y no se distraerá con rumores internos».
Por su parte, figuras como el ministro de Salud, Wes Streeting, han guardado silencio hasta ahora, lo que ha alimentado especulaciones sobre posibles aspirantes a suceder a Starmer en caso de una crisis mayor. En los pasillos de Westminster, el ambiente es de «car crash a cámara lenta», según describen algunos diputados, mientras que en las redes sociales la presión no para de crecer: «54 y contando», «Starmer ha unido a toda la nación… en su contra», son algunos de los comentarios más repetidos.
El Partido Laborista, que llegó al poder con la promesa de estabilidad tras catorce años de gobiernos conservadores, se enfrenta ahora a su mayor crisis interna desde la era de Jeremy Corbyn. Si la rebelión continúa, podría desembocar en una votación de confianza que obligue a Starmer a dimitir o a convocar elecciones anticipadas, un escenario que pocos imaginaban hace apenas dos años.