
El Senado francés ha publicado esta semana un informe demoledor en el que el exministro del Interior Bruno Retailleau y 29 senadores republicanos detallan cómo las redes islamistas han extendido su influencia por sectores clave de la vida pública en Francia, alertan de un avance coordinado que desafía a la República y reclaman medidas urgentes para detenerlo.
El documento, descrito como el análisis más contundente elaborado en una generación, expone que el islamismo ha logrado imponer normas paralelas en escuelas, clubes deportivos, residencias universitarias, barrios enteros e incluso ayuntamientos. Los senadores presentan esta situación como una auténtica ofensiva, un desafío estratégico que el Gobierno se ha negado a nombrar durante años.
Los republicanos plantean un programa legislativo con 17 reformas esenciales. Quieren la prohibición del hiyab para menores de 16 años, el veto al ayuno infantil, una estricta neutralidad religiosa en el deporte, el refuerzo de los controles sobre la financiación extranjera de mezquitas y asociaciones, la capacidad de disolver organizaciones que actúen como fachadas ideológicas y un papel más contundente del Estado para rastrear y desarticular redes islamistas activas en todo el territorio. En materia migratoria, reclaman que el Ministerio del Interior asuma el control de la expedición de visados y la vincule a la cooperación real de los países de origen.
El texto sostiene que Francia no afronta una simple fricción cultural, sino una amenaza ideológica perfectamente estructurada. Esta afirmación supone un giro frontal respecto al discurso que el Gobierno ha utilizado durante los últimos ocho años. Con Emmanuel Macron, los ministros se han limitado a hablar de «radicalización», «deriva comunitarista» o «focos de tensión», evitando asumir que existía un proyecto político islamista con ambición de poder.
La advertencia no es nueva. Una investigación previa del Senado, en 2020, ya señaló que los grupos islamistas habían ganado peso en escuelas, organizaciones deportivas y asociaciones vecinales. El nuevo informe confirma que esa influencia ya no es incipiente, sino estructural. Describe centros educativos sometidos a presiones constantes, clubes deportivos reorganizados según exigencias religiosas, organizaciones estudiantiles penetradas por activistas próximos a redes asociadas a la Hermandad y asociaciones locales que funcionan de hecho como autoridades paralelas.
Los senadores sostienen que la ley de 2021 contra el separatismo promovida por Macron no logró frenar el avance islamista. Hablan incluso de un «islamismo de las autoridades locales«, señalando que determinados activistas controlan la vida cotidiana mediante asociaciones subvencionadas, clubes juveniles y entidades de vivienda pública. Elogian la circular Attal, que vetó la abaya en las aulas, pero insisten en que debe aplicarse con rigor ante los intentos constantes de normalizar demandas religiosas en comedores universitarios y campus.
El documento carga contra dos décadas de complacencia política. Durante ese tiempo, los dirigentes insistieron en que Francia era «suficientemente fuerte» para absorber cualquier tensión, aunque nunca aplicaron los principios que proclamaban. Esa falta de acción permitió que normas ajenas a la República se asentasen en numerosos territorios. Los actores islamistas aprovecharon vacíos legales, la parálisis administrativa y la indefinición identitaria del propio Estado.
El veredicto sobre el macronismo resulta especialmente duro. Macron consideró el islamismo como un problema de percepción y no como un proyecto ideológico coordinado. Según el informe, la respuesta oficial se convirtió en una representación escénica más que en una política real, mientras las organizaciones islamistas reclutaban, se financiaban y se expandían.
El Senado concluye que el Estado francés lleva años cediendo espacio a una ideología que no reconoce autoridad alguna fuera de su propio credo. Los senadores trazan ahora un plan para recuperar ese terreno. La cuestión es si el Gobierno de Sébastien Lecornu tendrá la firmeza necesaria para aplicarlo o si el islamismo continuará avanzando sin resistencia mientras el Estado mira hacia otro lado.