«Ser es defenderse», Ramiro de Maeztu
Con el cese definitivo de la actividad se pierden 68 puestos de trabajo

El yugo de Bruselas acaba con una empresa francesa de acero con 600 años de antigüedad por no poder hacer frente a los precios de la energía

Empresa centenaria francesa. Redes sociales

Una empresa de acero ubicada en el sureste de Francia cerrará sus puertas tras más de 600 años de existencia —sobrevivió a la Revolución Francesa y a dos guerras mundiales— por las imposiciones climáticas de Bruselas que están arruinando el campo y la industria europea. Las legendarias forjas de Bonpertuis, situadas en el municipio de Apprieu, al norte del río Isère, han sido durante siglos el orgullo de la región. Sin embargo, la presión de los costes energéticos y el encarecimiento de las materias primas ha resultado letal para esta histórica acería, que el Tribunal Mercantil de Lyon declaró en liquidación el pasado 23 de octubre.

El cierre pone fin a una historia que comenzó en 1434, cuando monjes cartujos fundaron el taller metalúrgico. La empresa, símbolo de la artesanía siderúrgica francesa, había resistido crisis, guerras y revoluciones, pero no ha podido sobrevivir al nuevo contexto económico y regulatorio. «Esta fábrica era mi vida. Lloré cuando lo supe», confiesa con la voz entrecortada Neteljko Delac, de 54 años, quien llevaba 36 trabajando entre los hornos de Bonpertuis y cuyo padre también fue empleado de la planta.

Con el cese definitivo de la actividad se pierden 68 puestos de trabajo. En la década de 1970 llegó a emplear a más de 500 personas. «Mis abuelos, mis padres y mis tíos trabajaron aquí. Es el fin de una saga familiar», lamenta Philippe Mélo, operario desde hace tres décadas. «Nunca imaginé que algo tan arraigado pudiera desaparecer de golpe».

Las instalaciones, mezcla de construcciones del siglo XIX y edificios modernos, hoy están en silencio. Sólo queda en pie la vieja chimenea de ladrillo de 1859, declarada monumento histórico y considerada la última de su tipo en Francia. «Antes se oía el estruendo constante del acero cayendo en las cubas», recuerda Louise, vecina del pueblo e hija de antiguos obreros portugueses. «Ahora todo está muerto. Es como si nos hubieran quitado el alma».

Durante siglos, los forjadores de Bonpertuis elaboraron aceros de gran calidad utilizados por marcas tan prestigiosas como Laguiole, Victorinox, Alstom o Siemens. «Nos sentíamos orgullosos del trabajo que hacíamos», explica Manuel Teixeira, padre de Louise, que emigró desde Portugal con 26 años para incorporarse a la fundición. «Pensábamos que una empresa con tanta historia nunca cerraría… pero el mundo ha cambiado».

El golpe no sólo es económico, sino también social. En Apprieu, los pequeños comercios temen un efecto dominó. «Con el cierre de la acería, el pueblo se vaciará poco a poco. Ya apenas quedan tiendas», se lamenta Valérie, la panadera del municipio.

Sanciones de Bruselas

Mientras tanto, los dirigentes europeos del bipartidismo (PP y PSOE) siguen haciendo de las sanciones a países alejados de la Unión Europea una forma de empobrecer el continente. Las medidas económicas impuestas por Bruselas contra Rusia, China e incluso Israel han generado un efecto dominó que golpea directamente a la industria, la energía y la competitividad europeas.

El último informe sobre el impacto global de las sanciones advierte que la política restrictiva de la UE, presentada como herramienta de presión geopolítica, está provocando un daño autoinfligido en las economías de los Estados miembros. El encarecimiento de la energía, la ruptura de las cadenas de suministro y el aumento de la inflación son las principales consecuencias de una estrategia que, según los expertos, beneficia más a Washington que a Bruselas.

La guerra comercial entre Estados Unidos y China ha colocado a Europa en el papel de «receptor de balas», incapaz de beneficiarse de las tensiones entre ambas potencias. El documento señala además que si la UE llegara a aplicar los aranceles del 50% o 100% a las importaciones chinas, como reclama Donald Trump, se desataría una espiral inflacionaria de consecuencias imprevisibles.

Desde 2022, la Unión Europea ha aprobado 19 paquetes de sanciones —18 de ellos dirigidos a Rusia— sin que ello haya cambiado el curso del conflicto en Ucrania. “O las sanciones no funcionan, o el instrumento no es el adecuado”, apunta el informe. Entre tanto, los costes energéticos se disparan, la dependencia de gas natural licuado estadounidense crece y la industria europea pierde terreno frente a competidores asiáticos.

En resumen, las políticas sancionadoras europeas, lejos de debilitar a sus adversarios, están erosionando la base económica del propio continente, mientras sus líderes insisten en una estrategia que multiplica la inflación, el desempleo y la pérdida de soberanía industrial.

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