«Ser es defenderse», Ramiro de Maeztu
Crisis de seguridad en Bélgica

Explosiones, tiroteos y guerra de bandas extranjeras: Bruselas se hunde en la violencia del narcotráfico

La Policía de Bruselas en una operativo. Europa Press.

Bruselas, capital política de Europa, vuelve a convertirse en escenario de una escalada de violencia ligada al narcotráfico que ha dejado en apenas cinco días explosiones, tiroteos e incendios provocados. El epicentro se sitúa en el municipio de Saint-Gilles, donde las autoridades ya hablan abiertamente de una «guerra entre clanes extranjeros de la droga».

El alcalde, Jean Spinette, no ha ocultado la gravedad de la situación: se trata de enfrentamientos entre redes criminales que no dudan en atacar viviendas familiares para intimidar o vengarse. «Es una guerra entre distintas redes de tráfico de drogas», ha reconocido, alertando del clima de miedo que se extiende entre los vecinos.

La cadena de violencia comenzó con una explosión en la Rue de Métal en la madrugada del domingo, seguida de otra detonación horas después en la Rue de Prague. Testigos describieron una gran bola de fuego que iluminó edificios cercanos, mientras los investigadores confirmaron indicios de que los incendios fueron provocados de forma deliberada.

Esa misma noche, un nuevo incendio sacudió la Rue Gisbert Combaz y, apenas minutos después, se produjo un tiroteo en la Rue de Bosnie. Los disparos impactaron contra un restaurante, aunque el objetivo real habría sido una vivienda próxima vinculada a uno de los clanes.

Lejos de remitir, la violencia volvió a golpear días después en la misma zona, con otra explosión que causó daños en vehículos y edificios. El patrón es claro: ataques selectivos, represalias y una escalada propia de estructuras criminales consolidadas.

El fenómeno no es aislado. En barrios como Cureghem, los residentes han denunciado públicamente el abandono institucional y el auge del crimen organizado. La policía reconoce la magnitud del problema: solo en 2025 se registraron 96 tiroteos en la capital belga, con víctimas mortales incluidas.

El fiscal Julien Moinil ha advertido de que la situación ha alcanzado un punto crítico: cualquier ciudadano puede verse afectado por una bala perdida. Mientras tanto, el ministro del Interior, Bernard Quintin, ha admitido que el uso de granadas y cócteles molotov se ha vuelto habitual, lo que ha llevado a plantear incluso el despliegue del Ejército en las calles.

+ en
Fondo newsletter