A finales de junio, la Asamblea Nacional francesa aprobó una medida clave dentro de su hoja de ruta energética: reforzar el papel de la energía nuclear como pilar estratégico del país. La nueva legislación contempla la prolongación del funcionamiento de las centrales actuales, varias de ellas con décadas de antigüedad, y la construcción de 14 nuevos reactores de última generación.
El respaldo parlamentario llegó días después de que el primer ministro François Bayrou defendiera ante el Senado esta «reactivación masiva» del sector atómico, argumentando que la soberanía energética es esencial para la independencia nacional. El jefe de Gobierno subrayó que el elevado uso de combustibles fósiles hace a Francia vulnerable ante potencias proveedoras como Rusia, Arabia Saudí o Estados Unidos.
Francia lidera la producción nuclear en la Unión Europea. Cerca del 36% de su matriz energética proviene de esta fuente, que abastece el 68% de la electricidad nacional a través de 57 reactores distribuidos en 19 plantas. No obstante, durante la última década, tanto el expresidente socialista François Hollande como Emmanuel Macron plantearon una reducción progresiva del peso nuclear.