Era el año 1970 y quizás ahí cambiaron las cosas. En Nueva York, unos cientos de obreros de la construcción se enfrentaron a los estudiantes que protestaban por la guerra de Vietnam.
Unos días antes, cuatro estudiantes habían muerto por los disparos de la Guardia Nacional en la Universidad de Kent, en Ohio.
La huelga de estudiantes protestaba en Nueva York, en Manhattan, cerca de Wall Street. Había un millar de manifestantes y en solidaridad, el alcalde la ciudad ordenó que la bandera de EEUU ondeara a media asta.
Pasadas unas horas, donde estaban los manifestantes comenzaron a llegar columnas de obreros. El movimiento obrero neoyorquino, blanco y católico, no tenía mucho que ver con los hippies, el pacifismo, las Panteras Negras y las protestas del ámbito universitario.
Mientras unos pedían paz, los otros honraban la bandera. Unos cuatrocientos obreros, que trabajaban en la construcción del World Trade Center, acompañados de centenares de oficinistas (unión del cuello azul y el cuello blanco) se congregaron donde los manifestantes, asaltaron el cordón policial y golpearon a los estudiantes con sus propios cascos y herramientas. Además del patriotismo y del antibelicismo, en juego había algo de clase. Los obreros recelaban del trato que daban a los veteranos de guerra, en su mayoría clase trabajadora, y despreciaban a los universitarios de clase media y alta por eludir el frente con excusas pacifistas.
Los trabajadores, en lo que se conoció como Hard Hat Riot, la revuelta de los cascos duros, no solo agredieron a los estudiantes. Luego se dirigieron al Ayuntamiento, donde un cartero había conseguido izar la bandera a plena asta; como el alcalde Lindsay volvió a bajarla, los obreros asediaron el edificio hasta que, por miedo, la bandera volvió a izarse plenamente. Después, aun invadieron un edificio universitario dejando un centenar de heridos, casi todos estudiantes.
En esa jornada de mayo de 1970, una línea divisoria quedó trazada. Sindicatos de estibadores, constructores y oficinistas mostraron su apoyo al gobierno de Nixon. La clase trabajadora patriota corrió, no a gorrazos, sino a cascazos, a los radicales universitarios. Entendemos que no les guste recordar el episodio.