Las elecciones municipales en Ludwigshafen (Alemania) han quedado marcadas por la abstención masiva un récord de votos nulos. Sólo el 29,3% de los ciudadanos acudió a votar, frente al 60,2% de participación en 2017, cuando la socialdemócrata Jutta Steinruck se alzó con la victoria.
El desplome de la participación vino acompañado de un 9,2% de papeletas inválidas, casi cuatro veces más que hace ocho años, cuando se situaron en el 2,6%. La cifra refleja un claro gesto de protesta ciudadana ante unas elecciones convertidas en farsa, después de que el principal candidato del partido soberanista Alternativa para Alemania (AfD), Joachim Paul, fuese eliminado tras una decisión judicial.
En la práctica, la contienda se redujo a los candidatos del bloque tradicional: Klaus Blettner (CDU), con el 41,2%, y Jens Peter Gotter (SPD), con el 35,5%, que avanzan a la segunda vuelta. Otros aspirantes quedaron relegados: el también socialdemócrata Martin Wegner (15,7%) y Michaela Schneider-Wettstein (Volt), con el 7,6%.
El resultado plantea un problema de fondo: ¿puede hablarse de un verdadero mandato democrático cuando más de siete de cada diez vecinos se quedaron en casa y miles de los que acudieron anularon su voto?
Desde AfD, tanto Paul como la copresidenta de la formación, Alice Weidel, han denunciado lo que consideran un atropello a la libertad de elección: «Una democracia vive de la libertad de escoger, pero a los vecinos de Ludwigshafen no se les concedió ni eso«, ha subrayado Weidel.
Mientras, los partidos del sistema defienden el proceso como una expresión del «Estado de derecho», pese a que el electorado ha respondido con desconfianza, rechazo y abstención.