La polémica en torno al ‘Democracy Shield’ de la Unión Europea vuelve a encenderse. Lo que Bruselas vende como un sistema para luchar contra la desinformación y proteger las instituciones democráticas está siendo descrito por investigadores y defensores de la libertad de expresión como un auténtico sistema operativo de censura diseñado para blindar a la Comisión Europea frente a la opinión pública.
Un nuevo informe del investigador Norman Lewis, publicado por MCC Brussels y elaborado a partir de 25 documentos oficiales de la UE, afirma que el objetivo real del programa es «proteger a la Comisión no elegida de la disidencia interna y de cualquier forma de rendición de cuentas«, utilizando la amenaza de la injerencia extranjera como pretexto para vigilar contenidos, penalizar mensajes críticos con Bruselas y promover narrativas favorables al establishment comunitario.
La contundencia del documento desmonta el discurso de la presidenta de la Comisión, Ursula von der Leyen, quien aseguraba que el ‘Escudo’ «reforzará la libertad de expresión, los medios independientes y una sociedad civil fuerte». Para sus críticos, la realidad es la contraria: más control, más intervención y menos confianza en los ciudadanos.
El escándalo ha ido creciendo en el Parlamento Europeo, especialmente entre los miembros del grupo Patriotas por Europa, que acusan al programa de ser «un escudo para la Comisión y sus aliados, no para la democracia ni para los ciudadanos«. Esta semana, la diputada neerlandesa Marieke Ehlers entregó a von der Leyen un ejemplar de 1984 de George Orwell como advertencia simbólica, denunciando un ataque directo a la libertad de expresión.
Desde Alternativa para Alemania, la eurodiputada Christine Anderson fue aún más lejos: aseguró que Bruselas está construyendo «un ministerio de la verdad, reclutando influencers y fact-checkers para moldear el pensamiento y fabricar consentimiento» en lugar de tratar a los europeos como adultos capaces de decidir por sí mismos.
El ‘Escudo’ no es una iniciativa futura: algunas de sus medidas ya están en marcha, mientras que otras se desplegarán en los próximos meses y años, consolidando un entramado regulatorio que, según sus detractores, dará a la Comisión un poder sin precedentes para filtrar, vigilar y dirigir el flujo de información en Europa.