París vivió el sábado 22 de noviembre una de las manifestaciones más tensas de los últimos años con motivo del Día Internacional para la Eliminación de la Violencia contra la Mujer. Por primera vez, colectivos feministas de derecha lograron —no sin enorme resistencia— hacerse un espacio en el 25N para denunciar lo que consideran el gran tabú del movimiento oficial: la relación entre inmigración y violencia sexual.
Las marchas, convocadas en toda Francia en los días previos al 25 de noviembre, llegan después de que Emmanuel Macron declarara en 2017 que la lucha contra la violencia machista sería una «gran causa nacional». Ocho años después, incluso las asociaciones feministas tradicionales admiten que la situación ha empeorado. La coincidencia termina ahí: no existe acuerdo sobre las causas ni sobre las soluciones.
Los colectivos clásicos denuncian falta de recursos, servicios saturados y un Estado que «retrocede» ante una violencia en aumento. «Ya no podemos contar con el Gobierno», lamentó Yéléna Mandengué, del colectivo Nous Toutes.
Pero este año, un grupo de mujeres jóvenes irrumpió con un mensaje distinto. Las activistas del colectivo identitario Nemesis, lideradas por Alice Cordier, se sumaron para denunciar la violencia sexual vinculada a la inmigración masiva, un tema sistemáticamente excluido del discurso oficial. Sus pancartas lo dejaban claro: «Violadores franceses, prisión; violadores extranjeros, avión».
«Nos negamos a ser víctimas de una política migratoria que no elegimos», declaró Cordier durante la marcha. La presencia de estas asociaciones fue objeto de una dura batalla previa. La izquierda y la extrema izquierda intentaron impedir su participación, calificándolas de «racistas» y gritando «Las feministas son antifas, ¡Nemesis fuera!«.
Las activistas se concentraron en la plaza Square du Temple, vigiladas por la policía, que formó un cordón de seguridad para evitar agresiones. Hubo tres detenidos entre los grupos antifascistas que trataron de expulsarlas violentamente.
Según Cordier, muchos agentes reconocen en privado la legitimidad de sus denuncias. Aun así, Nemesis tuvo que desfilar por separado mientras la cabecera permanecía en manos de la izquierda y la extrema izquierda.
La diputada izquierdista Ersilia Sourdais atacó públicamente a Nemesis, asegurando que instrumentaliza la causa femenina «con fines racistas» y afirmando que las violaciones cometidas por extranjeros son «anecdóticas». Alice Cordier le respondió desde X: «En 2024 hubo 6.000 víctimas de violaciones cometidas por extranjeros. ¿Eso es anecdótico?»
También participó, por primera vez, Claire Geronimi, presidenta de la asociación Éclats de femme. Ella misma fue víctima de una violación perpetrada por un migrante africano pendiente de expulsión. Hoy milita junto a Éric Ciotti en la Unión de las Derechas por la República, alianza del RN.
Geronimi denunció haber sido excluida del cortejo principal por motivos de seguridad, tras el aviso de la propia policía de que no podían garantizar su integridad debido a la hostilidad de grupos de izquierda.
«Es triste ver a otras mujeres recibirnos con odio en una jornada dedicada a denunciar la violencia contra las mujeres», publicó en X.