«Ser es defenderse», Ramiro de Maeztu
Temen que vuelva al país

La Fiscalía alemana impide la deportación del inmigrante somalí que asesinó a tres mujeres en Würzburg

Flores en honor a las víctimas en Würzburg. Europa Press.

El refugiado somalí que asesinó a tres mujeres en la ciudad bávara de Würzburg en 2021 no podrá ser deportado. Así lo ha decidido la Fiscalía General de Múnich, que sostiene que expulsarlo a su país supondría «un alto riesgo de reingreso» y, por tanto, una amenaza para la seguridad pública alemana.

El autor, identificado como Abdirahman Jibril A., de 24 años al momento del crimen, permanecerá internado de forma indefinida en una unidad psiquiátrica forense de un hospital en Lohr, a 30 kilómetros de Würzburg. La fiscalía considera que el individuo «sigue siendo peligroso para la sociedad«.

Según los fiscales, si el somalí fuera deportado, probablemente sería liberado en su país y podría regresar a Alemania para cometer nuevos delitos. En otras palabras: las autoridades temen más la permeabilidad de sus propias fronteras que la violencia de un asesino confeso.

El Bavarian State Office for Asylum and Repatriation había estudiado la deportación, pero el proceso requería la aprobación de la fiscalía, que finalmente rechazó el traslado «por motivos de seguridad pública«.

El abogado del homicida, Hanjo Schrepfer, calificó la decisión de «correcta y apropiada», aunque admitió que el tratamiento psiquiátrico del agresor ni siquiera ha comenzado, pues el asesino no ha reconocido su culpabilidad.

El caso se remonta al 25 de junio de 2021, cuando Abdirahman tomó un cuchillo de un comercio del centro de Würzburg y atacó al azar a varios transeúntes, gritando «Allahu akbar«. Mató a tres mujeres —de 25, 49 y 82 años— e hirió al menos a otras nueve. Una de las víctimas murió defendiendo a su hija de 11 años, a la que el agresor también intentó apuñalar.

El somalí había llegado a Alemania en 2015, durante la ola migratoria impulsada por la política de puertas abiertas de Angela Merkel. Aunque su solicitud de asilo fue rechazada, obtuvo «protección subsidiaria«, una figura que permite la residencia legal pese a la negativa.

Antes del ataque, vivía en un albergue para indigentes en Würzburg, donde ya había mostrado un comportamiento violento. Testigos declararon que había amenazado a otros residentes con cuchillos en varias ocasiones. Fue internado brevemente en un hospital psiquiátrico, pero las autoridades lo liberaron semanas antes de la masacre.

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