«Ser es defenderse», Ramiro de Maeztu
Según un análisis de la consultora EY

La inversión extranjera en Alemania cae a mínimos desde 2009 tras ocho años consecutivos de retrocesos: «El mundo está perdiendo la confianza»

Friedrich Merz. Europa Press

La inversión extranjera en Alemania ha caído a su nivel más bajo desde 2009, después de registrar en 2025 su octavo descenso anual consecutivo. El dato agrava las señales de deterioro de la principal economía de la Unión Europea, golpeada por los altos costes energéticos, la burocracia, la presión fiscal, la pérdida de empleo industrial y el debilitamiento de su modelo productivo.

Según un análisis de la consultora EY, recogido por la agencia alemana DPA, las empresas extranjeras anunciaron 548 nuevos proyectos en Alemania durante 2025, un 10% menos que el año anterior.

El presidente de EY en Alemania, Henrik Ahlers, calificó las cifras como una «señal de advertencia» para el país como destino empresarial. «Alemania se está quedando atrás, y otros lugares de Europa se están desarrollando significativamente mejor», afirmó.

Ahlers advirtió de que Alemania lleva años hablando de reformas sin acometerlas realmente, mientras otros países han digitalizado mejor sus servicios públicos, simplificado sus sistemas fiscales y facilitado la actividad empresarial.

«En Alemania, los altos impuestos, los elevados costes laborales, la energía cara y, al mismo tiempo, una burocracia paralizante están asfixiando la inversión», señaló.

El diagnóstico es especialmente duro para un país que durante décadas fue considerado el motor industrial de Europa. Según Ahlers, la incapacidad alemana para reformarse ya es conocida en todo el mundo. «Por desgracia, queda poco de su imagen como ubicación fuerte, de alta calidad y como roca económica en tiempos turbulentos», añadió.

La caída de la inversión extranjera llega en un momento crítico para la economía alemana. El mes pasado, el Instituto Leibniz de Investigación Económica de Halle advirtió de que las quiebras empresariales en Alemania habían alcanzado su nivel más alto desde 2005.

El instituto registró 4.573 quiebras entre sociedades y corporaciones durante los tres primeros meses del año, una cifra superior incluso a la observada durante la crisis financiera de 2009. La última vez que el dato fue más alto se remonta al tercer trimestre de 2005, cuando se contabilizaron 4.771 concursos.

El deterioro fue especialmente intenso en marzo, cuando las quiebras superaron en un 71% la media del mismo mes entre 2016 y 2019.

La industria alemana también atraviesa una profunda crisis. Un informe de Reuters señaló el pasado agosto que Alemania había perdido 245.500 empleos industriales desde 2019, antes de la crisis del coronavirus. La combinación de energía cara, presión regulatoria, caída de competitividad y transición verde ha golpeado con fuerza a sectores que durante décadas sostuvieron la prosperidad alemana.

Uno de los ejemplos más visibles es Volkswagen. El gigante automovilístico prevé recortar alrededor de 50.000 empleos en Alemania de aquí a 2030 tras registrar una fuerte caída de beneficios.

El beneficio neto de Volkswagen cayó un 44% en 2025, hasta los 6.900 millones de euros, su nivel más bajo desde las consecuencias del escándalo de las emisiones. Los ingresos se mantuvieron prácticamente estables, por debajo de los 322.000 millones, mientras las entregas globales descendieron ligeramente hasta algo menos de nueve millones de vehículos.

La compañía atribuyó la caída de beneficios a los problemas en Porsche AG, los aranceles estadounidenses y los costes de reestructuración. El beneficio operativo de Porsche se desplomó en apenas un año desde más de 5.000 millones de euros hasta sólo 90 millones.

El director financiero de Volkswagen, Arno Antlitz, admitió que el actual nivel de rentabilidad no es suficiente a largo plazo y explicó que el resultado estuvo marcado por las tensiones geopolíticas, los aranceles y una presión competitiva cada vez más intensa.

El retroceso alemán forma parte de una caída más amplia de la inversión extranjera en Europa, aunque el caso alemán resulta especialmente llamativo por su peso industrial. Según EY, los inversores extranjeros anunciaron 5.026 nuevos proyectos en Europa el año pasado, un 7% menos que el ejercicio anterior. Francia se mantuvo en primer lugar, con 852 proyectos, seguida de Reino Unido, con 730, y Alemania, que quedó en tercera posición.

La colíder de Alternativa para Alemania (AfD), Alice Weidel, afirmó que las cifras muestran una pérdida de confianza internacional en el país. «El mundo está perdiendo la confianza: las empresas extranjeras invierten cada vez menos en Alemania», escribió en X. Weidel añadió que Alemania no puede seguir permitiéndose la negativa a reformar de la coalición gobernante.

La crisis alemana ya no puede explicarse como un simple bache coyuntural. Ocho años de caída en la inversión extranjera, quiebras en máximos de dos décadas, pérdida masiva de empleo industrial y dificultades en gigantes como Volkswagen apuntan a un problema estructural.

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