
La copresidenta de Die Linke, Ines Schwerdtner, ha descrito su ideal de sociedad para 2050: una jornada de cuatro horas de trabajo, otras cuatro para las aficiones y cuatro más dedicadas a la política y al compromiso social. La dirigente de La Izquierda alemana ha expuesto esta visión en una conversación con Tagesspiegel, recogida por Apollo News, en la que defiende transformar el sistema económico mediante lo que denomina «socialismo democrático».
Schwerdtner presenta sus propuestas como una aspiración de futuro, no como una medida legislativa de aplicación inmediata. Su objetivo declarado es construir una sociedad en la que nadie padezca sufrimiento, carezca de vivienda o tema por su porvenir. Para conseguirlo, sostiene que habría que extender la participación colectiva a todos los ámbitos de la vida.
La empresa ocupa un lugar central en ese planteamiento. La dirigente cuestiona que el jefe concentre las decisiones sobre las retribuciones, la organización del trabajo y el futuro del negocio. Como alternativa, propone que los trabajadores intervengan en las decisiones importantes, incluidos los sueldos y los horarios.
La reducción de la jornada a cuatro horas se acompañaría de una mayor automatización. En su escenario, la inteligencia artificial asumiría los trabajos más desagradables, mientras los ciudadanos dispondrían de más tiempo para sus intereses personales y su participación política. Esa distribución de la jornada convierte la actividad política en una parte sustancial de su modelo de vida: tantas horas como las dedicadas al empleo.
Su propuesta también alcanza al mercado residencial. Schwerdtner defiende que los inquilinos participen en las decisiones sobre sus condiciones de vida, las rehabilitaciones y los precios del alquiler. Extiende ese principio de gestión colectiva al suministro energético y a los hospitales.
La dirigente matiza que en su modelo seguiría existiendo la propiedad y que la herencia no constituye por sí misma un problema para los socialistas. Sin embargo, establece un límite: que esa propiedad no otorgue demasiado poder a determinados individuos.
El alcance de su planteamiento va, por tanto, más allá de reducir la jornada laboral. Busca reorganizar las relaciones de poder en la economía y ampliar las decisiones colectivas sobre actividades que hoy dependen de propietarios y empresas.