Los últimos informes policiales publicados en varios países europeos han vuelto incidir en el dato que todos conocen pero que no se quiere reconocer políticamente y a menudo incluso se niega: la evidente relación entre inmigración y determinados delitos, especialmente en entornos urbanos. Alemania, Suecia y Francia han difundido en los últimos meses estadísticas que apuntan a patrones coincidentes, en medio de un debate político cada vez más intenso.
En Alemania, los datos de la Oficina Federal de Policía Criminal (BKA) correspondientes a 2025 muestran una presencia relevante de extranjeros entre los sospechosos de delitos sexuales denunciados. En ciudades como Berlín, las autoridades han alertado además del aumento de incidentes en estaciones y zonas de transporte, donde se concentran buena parte de estos episodios. Un informe reciente sobre la estación central de la capital alemana señala que más del 70% de los delitos registrados en ese entorno eran cometidos por extranjeros.
En Suecia, diversos informes oficiales han reconocido desde hace años una mayor presencia de nacidos en el extranjero entre los condenados por determinados delitos sexuales. El propio Gobierno sueco ha subrayado la necesidad de analizar el fenómeno teniendo en cuenta factores sociales y de integración, aunque los datos han sido utilizados de forma recurrente en el debate político interno.
Francia presenta una evolución similar. En la región de Île-de-France, que incluye París, las estadísticas policiales reflejan un aumento sostenido de agresiones sexuales en determinados distritos, con presencia destacada de individuos de origen extranjero entre los detenidos, según datos difundidos por las autoridades.
Europa ha experimentado en los últimos años un aumento significativo de los flujos migratorios, lo que ha tensionado los sistemas de acogida y ha obligado a replantear las políticas de integración y control.
La cuestión, sin embargo, sigue siendo objeto de fuerte polémica. Mientras algunos gobiernos insisten en la necesidad de evitar generalizaciones y contextualizar los datos —«las estadísticas deben interpretarse con cautela y teniendo en cuenta múltiples factores sociales y económicos», señalan fuentes policiales—, otros actores consideran que la repetición de patrones en distintos países no puede seguir siendo ignorada. «No podemos ignorar el impacto de una inmigración descontrolada sobre la seguridad», ha advertido en varias ocasiones Giorgia Meloni.
En todo caso, la coincidencia de tendencias en distintos países vuelve a situar en el centro del debate europeo una cuestión especialmente sensible: cómo equilibrar las políticas migratorias con las exigencias de seguridad y cohesión social.