«Ser es defenderse», Ramiro de Maeztu
Sólo ha recibido 246 inmigrantes ilegales en todo el 2025

Malta, un oasis de control fronterizo en el caos migratorio del Mediterráneo

Imagen de archivo de Malta. Europa Press.

En el corazón del Mediterráneo Central, Malta se erige como un baluarte inquebrantable contra la inmigración ilegal descontrolada. Una reciente investigación del Times of Malta, publicada el pasado 26 de diciembre y retomada por agencias como Agenzia Nova, revela que las autoridades maltesas autorizaron al menos 16 intervenciones de patrulleras libias en su zona de búsqueda y rescate (SAR) durante los primeros seis meses del año. Esta cifra triplica las del período anterior y multiplica por ocho las de 2023. Malta intervino directamente en sólo dos de las 242 llamadas de socorro registradas, que involucraron a más de 10.000 inmigrantes embarcados. Como resultado, alrededor de 800 inmigrantes ilegales fueron interceptados y devueltos a Libia, un enfoque que, aunque criticado por ONG, ha reducido las llegadas a niveles mínimos.

El Malta Migration Archive, proyecto respaldado por entidades pro inmigración como Alarm Phone y Aditus Foundation, denuncia estas prácticas como violaciones del derecho internacional marítimo. Las ONG argumentan que Libia no constituye un puerto seguro, citando informes de la ONU sobre torturas, detenciones arbitrarias y explotación en centros libios. Sin embargo, la cooperación confidencial entre Malta y Libia, iniciada en 2020, ha demostrado eficacia pragmática. Las interceptaciones directas por las Fuerzas Armadas maltesas cayeron un 90% desde entonces, mientras que las detenciones libias aumentaron un 230%. Este acuerdo operativo desincentiva salidas desde costas africanas, priorizando la soberanía sobre narrativas humanitarias que perpetúan los flujos migratorios en la zona y el consiguiente efecto llamada.

Según datos de ACNUR, Malta registró apenas 246 inmigrantes ilegales en todo 2025, un volumen ínfimo que confirma su control absoluto. Esta cifra contrasta drásticamente con el caos en vecinos como Italia y Grecia. FRONTEX reporta que la ruta del Mediterráneo Central vio más de 60.000 cruces ilegales en los primeros 11 meses de 2025, casi sin variación respecto a 2024, con la mayoría aterrizando en Italia desde Libia. Italia acumuló alrededor de 65.000 llegadas, impulsadas por una incesante actividad de ONG que operan como un imán para traficantes libios, tunecinos y egipcios. Estas organizaciones, como Sea-Watch, Médicos Sin Fronteras u Open Arms, asisten a embarcaciones fletadas desde el litoral libio y tunecino, creando un factor de atracción que anima más salidas.

Grecia enfrenta un panorama similar. La ruta del Mediterráneo Oriental registró más de 46.000 entradas ilegales en el mismo período, un 30% menos que en 2024, pero aún masivas hacia islas como Creta. Las llegadas totales rondaron las 46.173, exacerbadas por operaciones de ONG que publicitan rescates y, según debates académicos y fiscales italianos, colaboran indirectamente con redes criminales al proporcionar una falsa «red de seguridad». En España, las Islas Canarias recibieron 17.703 inmigrantes vía la ruta atlántica occidental, un 60% menos que el año anterior, pero la península vio un aumento del 15% en la ruta occidental mediterránea.

Esta debacle migratoria en Italia y Grecia subraya cómo la permisividad hacia ONG alimenta el negocio de los traficantes. Aunque directores de FRONTEX como Hans Leijtens negaron en 2024 que los rescates crean un factor atracción, ministros malteses y análisis independientes lo reiteran: la presencia de buques humanitarios incentiva cruces, elevando muertes —más de 1.011 en el Mediterráneo en 2025, según IOM— y sobrecargando sistemas europeos. Malta, en cambio, delega en Libia y minimiza intervenciones, convirtiendo su SAR en una barrera impenetrable que disuade flujos globales.

A pesar de que el gobierno maltés está liderado por el Partido Laborista, un partido socialdemócrata y progresista miembro del Partido de los Socialistas Europeos, mantiene una de las políticas migratorias más estrictas de la Unión Europea en materia de inmigración ilegal. Robert Abela y su ejecutivo combinan avances sociales progresistas con un nacionalismo pragmático en fronteras, priorizando la soberanía, la protección del Estado del bienestar y la calidad de vida de los malteses frente a la presión migratoria desproporcionada que sufre la isla.

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