La primera ministra italiana, Giorgia Meloni, ha denunciado como un acto de «censura» la decisión de los organizadores de la principal feria italiana dedicada a las editoriales independientes de exigir a los participantes la firma de una declaración de adhesión a determinados valores antifascistas.
La controversia afecta a la vigesimoquinta edición de la feria Più Libri Più Liberi —«Más libros, más libres»—, que se celebrará entre el 4 y el 8 de diciembre de 2026 en La Nuvola, en el barrio romano del EUR.
La feria, organizada por la Asociación Italiana de Editores —AIE—, reúne cada año a más de 600 editoriales pequeñas y medianas. Pero sus nuevas condiciones de participación han abierto una profunda discusión sobre libertad de expresión, pluralismo cultural y discriminación ideológica.
Los editores que soliciten un espacio deberán firmar una declaración en la que aseguren compartir los valores del orden constitucional italiano, incluida la interpretación antifascista defendida por los organizadores. También deberán repudiar la ideología fascista y cualquier forma de totalitarismo, y comprometerse a no exhibir ni vender materiales que glorifiquen el fascismo o inciten al odio o a la discriminación.
El sistema informático de la feria impide incluso finalizar la solicitud si no se aceptan esas cláusulas. El incumplimiento puede dar lugar a la expulsión inmediata del evento. Meloni reaccionó este domingo a través de X y calificó la exigencia como un «certificado antifascista» para las editoriales.
«Esto es, sencillamente, censura», afirmó la dirigente italiana, quien recordó que «la censura es incompatible con cualquier sociedad democrática».
La primera ministra acusó a los responsables de la feria de introducir un criterio discriminatorio para decidir quién puede participar en la vida cultural pública. También alertó contra la utilización de etiquetas políticas para determinar qué editores merecen acceder a una de las principales plataformas literarias de Italia.
Los organizadores rechazaron esas acusaciones y sostuvieron que la declaración «no es censura en absoluto», sino una «necesidad de claridad». No obstante, indicaron que la intervención de la primera ministra y el debate suscitado les habían llevado a examinar nuevamente la cuestión por respeto institucional.
El viceprimer ministro y líder de Forza Italia, Antonio Tajani, adoptó una posición más moderada. Aseguró ser antifascista, pero advirtió de que nadie debe ser calificado como fascista por mantener opiniones distintas.
La polémica tiene su origen en las crecientes tensiones dentro del sector editorial italiano. Durante los últimos años, la participación de editoriales asociadas a autores conservadores y de derecha en grandes eventos literarios ha provocado campañas de activistas y figuras culturales de izquierda que reclaman su exclusión.
Estas campañas sostienen que determinadas editoriales promueven ideas incompatibles con los valores democráticos. Sus críticos responden que esa interpretación entrega a grupos ideológicos privados la capacidad de decidir qué libros, autores y corrientes políticas pueden formar parte de los espacios culturales financiados o respaldados públicamente.
La tensión alcanzó su punto más alto durante la edición de diciembre de 2025 de Più Libri Più Liberi, cuando participó por primera vez la editorial Passaggio al Bosco.
Sus detractores sostienen que parte de su catálogo reivindica figuras vinculadas al fascismo italiano y al nazismo. Cerca de 80 escritores, intelectuales y representantes del mundo cultural —entre ellos el historiador Alessandro Barbero, el novelista Antonio Scurati y el dibujante Zerocalcare— firmaron una carta abierta cuestionando su presencia. Algunos autores cancelaron sus intervenciones y varios representantes institucionales se distanciaron de la ceremonia de inauguración.
El entonces presidente de la Asociación Italiana de Editores, Innocenzo Cipolletta, defendió sin embargo la participación de la editorial. Argumentó que corresponde a los lectores juzgar los libros y a los tribunales determinar su legalidad, especialmente en un país donde la apología del fascismo ya está prohibida.
Tras aquella controversia, los organizadores introdujeron las nuevas normas para la edición de 2026.
Quienes defienden la medida sostienen que el antifascismo no es una posición partidista, sino uno de los fundamentos de la República italiana surgida tras la caída del régimen de Benito Mussolini y el final de la Segunda Guerra Mundial.
Los críticos recuerdan, sin embargo, que el término «antifascismo» no aparece expresamente en la Constitución italiana de 1948. Sus disposiciones transitorias sí prohíben reorganizar, bajo cualquier forma, el disuelto Partido Fascista, pero no obligan a los ciudadanos o empresas a firmar declaraciones políticas para participar en eventos culturales.