Nuevo golpe de Viktor Orbán a los planes del globalismo y «filántropos» como Bill Gates. En esta ocasión, el Parlamento húngaro ha aprobado una ley que veta la producción y comercialización de carne cultivada en laboratorio, elaborada a partir de células o tejidos animales, al considerar que su consumo genera serias dudas sobre la salud, el medio ambiente y el impacto social.
La iniciativa, impulsada por el Ejecutivo que lidera Viktor Orbán, fue defendida como una medida de protección del consumidor y de la soberanía alimentaria. Desde el Gobierno se sostiene que este tipo de productos abre demasiados interrogantes sobre su seguridad a largo plazo y que no existen garantías suficientes para avalar su introducción en la dieta de la población.
El Ministerio de Agricultura, encargado de presentar el proyecto, fue más allá al subrayar que la llamada carne artificial no es, como se suele anunciar, una alternativa limpia y sostenible. Según el Ejecutivo húngaro, su producción conlleva una huella ecológica considerable, un elevado consumo energético y el riesgo de profundizar desigualdades sociales, al concentrar el control de la alimentación en manos de grandes corporaciones tecnológicas.
La prohibición entrará en vigor en los próximos días, una vez que la norma sea ratificada por el presidente del país. El veto afecta a todos los alimentos desarrollados mediante cultivos celulares de origen animal en entornos artificiales, pero deja fuera a los productos vegetales que imitan la carne y a los usos estrictamente médicos o de sanidad animal.
Con esta decisión, Hungría se suma a una corriente creciente de rechazo a la carne sintética en Europa. En noviembre de 2023, Italia fue el primer país de la Unión Europea en bloquear la producción y venta de este tipo de alimentos obtenidos a partir de células madre. En el ámbito comunitario, la comercialización de carne cultivada todavía no está autorizada, aunque algunos Estados, como Francia, han empezado a permitir fases preliminares de producción experimental.
Orbán defendió la medida con un mensaje rotundo, reivindicando el modelo agrícola tradicional del país frente a lo que considera experimentos impulsados desde despachos lejanos a la realidad del campo europeo. «Nuestra tierra es fértil, nuestro ganado está sano y nuestra gente es la prioridad. No vamos a envenenar a los húngaros con carne falsa», afirmó el primer ministro, en una alusión directa a las iniciativas promovidas por grandes fortunas internacionales como Bill Gates.
De este modo, Hungría se convierte en el segundo país europeo en cerrar la puerta a la carne de laboratorio, consolidando una posición que desafía las agendas alimentarias impulsadas desde Bruselas y por determinados actores globales, y apostando por una defensa explícita de la producción ganadera tradicional y del control nacional sobre lo que llega a la mesa de sus ciudadanos.