«Ser es defenderse», Ramiro de Maeztu
La acusación formal habla de malversación en el Fondo Nacional de Cultura (NKA)

Primer preso político en la Hungría globalista de Magyar: arrestan al ex ministro de Cultura y Familia por financiar a artistas patriotas

Balázs Hankó. Redes sociales

Hungría sigue dando pasos hacia el totalitarismo. Esta vez, el objetivo no es un disidente anónimo ni un activista de redes, sino un ex ministro del gobierno de Viktor Orbán: Balázs Hankó, padre de cuatro hijos, doctor en farmacia y antiguo vicerector universitario, que anoche durmió ya en prisión preventiva.

El Parlamento levantó su inmunidad el lunes por la mañana. Horas después, Péter Magyar —el primer ministro respaldado por Bruselas— lo señaló en sede parlamentaria. Por la noche, Hankó se presentó voluntariamente ante la Fiscalía. Lo detuvieron. El espectáculo se retransmitió en directo en la página de Facebook de Orbán. Dicho y hecho.

La acusación formal habla de malversación en el Fondo Nacional de Cultura (NKA), que Hankó presidió como ministro de Cultura e Innovación. Según la Fiscalía, entre septiembre de 2025 y marzo de 2026 se concedieron 1.079 subvenciones por 17.300 millones de forintos (unos 47 millones de euros) para fines distintos de los previstos por la ley. Parte de ese dinero, dicen, habría servido para actos de campaña de Fidesz.

Hankó y su entorno lo niegan con una tesis distinta: no se embolsó un euro. Lo que hizo fue financiar a artistas patriotas y de provincias, en lugar de entregar todo el dinero público al club cultural de Budapest, esa élite que no tolera que la cultura le escape. Los espectáculos cuestionados, recuerdan, tendrían lugar después de las elecciones. El caso, según esta versión, recuerda a los juicios de los años 50: una sarta de acusaciones fácilmente desmontables convertida en prisión preventiva cuando el riesgo de fuga o de destrucción de pruebas es nulo.

Fidesz habla de vendetta política y cultural. El propio Hankó se presentó como «patriota que se prepara para la prisión política». Balázs Orbán, eurodiputado y antiguo director político de Viktor Orbán, lo comparó con «la arbitrariedad política de los años 50 comunistas, desplegándose en tiempo real».

Hungría tiene, según este relato, a su primer preso político del nuevo régimen. No por enriquecerse, sino por decidir quién recibía el dinero de la cultura.

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