«Ser es defenderse», Ramiro de Maeztu
el brutal ataque ha desatado una reacción ciudadana sin precedentes

Prisión provisional para Hadi Alodid, el sudanés que intentó degollar a un hombre en Belfast

Hadi Alodid. Redes sociales

El brutal ataque con cuchillo que ha conmocionado a Belfast ya tiene nombre. El acusado es Hadi Alodid, un ciudadano sudanés de 30 años, señalado por la Justicia norirlandesa como presunto autor de la agresión contra Stephen Ogilvie el pasado lunes por la noche en Kinnaird Avenue, en el norte de la ciudad.

Ogilvie permanece hospitalizado en estado grave después de perder el ojo izquierdo y sufrir heridas en el rostro, la espalda y la zona ocular. El caso, grabado en vídeo y difundido de forma masiva en redes sociales, ha provocado una fuerte reacción pública en el Reino Unido y ha vuelto a situar en el centro del debate la relación entre inmigración, seguridad ciudadana y respuesta policial.

Alodid ha comparecido este miércoles ante el Tribunal de Magistrados de Belfast por videoconferencia. Según recoge ITV News, el acusado, con domicilio en Duncairn Avenue, no ha respondido a los cargos, que le han sido trasladados mediante un intérprete de árabe, y ha rechazado asistencia letrada.

La Policía de Irlanda del Norte le atribuye tres cargos: intento de asesinato, posesión de un cuchillo en un lugar público y amenazas de muerte contra un radiólogo del Servicio Nacional de Salud británico. Los hechos han adquirido una dimensión política inmediata por el origen del acusado y por la indignación social que siguió al ataque.

El juez Stephen Keown ha rechazado la libertad bajo fianza y ha decretado prisión provisional. La Policía se ha opuesto a su puesta en libertad por la gravedad de los hechos, el riesgo para la seguridad pública, el riesgo de fuga y la posibilidad de nuevos disturbios ante la fuerte tensión generada por el caso. Alodid volverá a comparecer ante la Justicia el próximo 8 de julio.

El ataque se produjo el lunes por la noche en una zona residencial del norte de Belfast. La Policía norirlandesa informó el martes de que la víctima sufría lesiones graves en los ojos, la cara y la espalda, y elogió la actuación de los vecinos que intervinieron para auxiliar al herido.

La agresión ha desencadenado protestas y disturbios en Belfast. Durante la noche posterior al ataque, varios grupos incendiaron viviendas, coches y un autobús, mientras la Policía desplegaba efectivos ante el temor a nuevos incidentes. Reuters ha informado también de movilizaciones en otras ciudades del Reino Unido, incluidas Glasgow y Edimburgo.

Las autoridades británicas han tratado de centrar el mensaje público en la condena de los disturbios. Sin embargo, la identificación del acusado como ciudadano sudanés ha intensificado la presión sobre el Gobierno laborista del primer ministro Keir Starmer, al que sus críticos reprochan una política migratoria incapaz de responder al deterioro de la seguridad y al malestar social acumulado.

La Policía ha señalado que no hay indicios de motivación terrorista. Pero esa aclaración no ha cerrado el debate político. Al contrario, el caso ha reforzado las críticas contra unas autoridades que, según denuncian sectores cada vez más amplios de la sociedad británica, reaccionan con rapidez ante las protestas posteriores, pero evitan afrontar el problema de fondo: el impacto de la inmigración descontrolada sobre la seguridad, la convivencia y la confianza en las instituciones.

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