«Ser es defenderse», Ramiro de Maeztu
Pese a que los importadores se comprometen a no reexportar los bienes

Putin sortea las sanciones de Bruselas a través de Kazajstán, Armenia y Kirguistán: «Sus mercancías son reexportadas a Rusia»

Tren de carga y automóviles en Kaliningrado. Redes sociales

Desde que Bruselas endureció las sanciones contra Rusia tras la invasión de Ucrania el 24 de febrero de 2022, el Kremlin optó por legalizar las denominadas importaciones paralelas: aquellas que se efectúan sin el consentimiento del propietario de la propiedad intelectual a través de vías de abastecimiento no oficiales. Este mecanismo ha permitido a Moscú sortear las restricciones comerciales impuestas por Occidente y mantener un flujo constante de bienes estratégicos.

A pesar de la salida masiva de empresas europeas del mercado ruso, la suspensión de actividades y la expropiación de activos por parte del Kremlin, el comercio exterior de Rusia no se ha detenido. Aunque la Unión Europea redujo drásticamente sus exportaciones al país, las cifras muestran que las naciones cercanas han multiplicado su volumen de negocio. Según datos del Fondo Monetario Internacional (FMI) y Naciones Unidas (ONU), países como Armenia, Kirguistán y Kazajstán han experimentado un incremento exponencial en sus intercambios comerciales.

Uno de los ejemplos más llamativos es la república kirguisa, que entre 2021 y 2023 vio aumentar sus importaciones desde Alemania en un 1.361%, pasando de los 48,8 millones de euros a 713,4 millones, según la Oficina Federal de Estadística alemana. En paralelo, sus exportaciones a Rusia pasaron de los 393,3 millones de dólares a superar los 1.069 millones con el estallido del conflicto, lo que sugiere que gran parte de estos bienes tenían como destino final la Federación Rusa.

Este sistema de triangulación comercial no es casual. La Unión Económica Euroasiática, creada por el Kremlin tras la anexión de Crimea y Sebastopol, ha consolidado una zona de libre comercio entre Rusia, Kazajstán, Bielorrusia, Armenia y Kirguistán. Salvo Bielorrusia, estrecha aliada de Moscú, los demás miembros no han sido sancionados por Occidente, lo que los convierte en una vía clave para la llegada de productos vetados al mercado ruso.

Las medidas implementadas por la UE para frenar estas reexportaciones incluyen exigir certificaciones que garanticen que los bienes no acabarán en Rusia o Bielorrusia. Sin embargo, en la práctica, esto no ha sido suficiente. «Los proveedores europeos son plenamente conscientes de que los productos enviados a Armenia serán redirigidos a Rusia. En ocasiones, los importadores firman declaraciones en las que se comprometen a no reexportar los bienes, pero es un mero trámite, pues el desvío sigue ocurriendo», explica desde Ereván un experto en contabilidad empresarial que ha participado en estas operaciones desde 2022.

El esquema es sencillo: empresarios rusos con experiencia en la importación de productos europeos establecen compañías en Armenia, a su nombre o a través de socios locales. Crean múltiples empresas que intercambian mercancías entre sí, logrando que algunos bienes sean registrados como armenios antes de su reexportación a Rusia. Este proceso no sólo facilita eludir controles fronterizos, sino que también permite introducir productos de origen ucraniano en el mercado ruso, detalla una fuente contactada por El Confidencial.

El contrabando de productos químicos, clave para la industria militar y la fabricación de armamento, es una de las preocupaciones centrales de las autoridades europeas. Un claro ejemplo de este tráfico ilegal se registró en octubre en el Puerto de Barcelona, donde agentes de Vigilancia Aduanera, en colaboración con la Policía Nacional y la Oficina Europea Antifraude (OLAF), confiscaron 13 toneladas de sustancias químicas destinadas al contrabando.

La investigación, aún en curso y bautizada como operación ‘Probirka‘, reveló la participación de una compañía española gestionada por ciudadanos de origen ruso. Para evadir las sanciones, la empresa encubría el destino final de los productos—una filial en Moscú— utilizando un entramado de sociedades pantalla en Armenia y Kirguistán. Sin embargo, estos países nunca recibían la mercancía, que era desviada por vía terrestre hacia la Federación Rusa.

Entre las sustancias incautadas se encontraba la dietilamina, un compuesto químico empleado en la síntesis del agente nervioso VX, una de las armas químicas más letales conocidas. Su uso quedó patente en 2017, cuando se utilizó para asesinar a Kim Jong-nam, hermano del líder norcoreano Kim Jong-un, en el aeropuerto de Kuala Lumpur. También se encontraron envíos de ácido nítrico, fundamental en la producción de explosivos como la nitroglicerina y el trinitrotolueno (TNT), así como hexamina, utilizada en la fabricación de propulsores de misiles y detonantes de ojivas militares.

Las autoridades han intensificado las pesquisas con registros en tres compañías de Barcelona y Valencia, lo que concluyó con la detención de cuatro individuos, actualmente en libertad con cargos. Mientras la investigación sigue en marcha, los expertos advierten que el contrabando de materiales estratégicos es un negocio demasiado lucrativo para que los traficantes se desanimen fácilmente.

Los bancos, en particular, han endurecido sus controles ante el riesgo de verse involucrados en la elusión de sanciones. «Muchas entidades financieras en Armenia están capitalizadas con inversiones extranjeras y son extremadamente cautelosas. Verifican reiteradamente a sus clientes para asegurarse de que no estén facilitando operaciones prohibidas. Están al tanto de que, si se descubriera su participación, podrían ser objeto de sanciones internacionales», explica el experto consultado.

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