La Biblioteca del Conservadurismo de Berlín (BdK) ha denunciado una decisión que considera abiertamente política: su expulsión del Gemeinsamer Bibliotheksverbund (GBV), el mayor consorcio de bibliotecas del norte de Alemania. El organismo —sostenido por siete gobiernos regionales— asegura que se trata de una simple «rescisión contractual». La BdK, sin embargo, habla de una maniobra ideológica destinada a borrar parte del pensamiento conservador del espacio académico.
El GBV afirma que la BdK «nunca fue miembro», sino una biblioteca «privada» situada fuera del territorio del consorcio que únicamente contrataba servicios de alojamiento del sistema de gestión bibliotecaria. Bajo esa premisa, la dirección del GBV —en la que están representados Bremen, Hamburgo, Mecklemburgo-Pomerania Occidental, Baja Sajonia, Sajonia-Anhalt, Schleswig-Holstein y Turingia— resolvió por unanimidad rescindir el contrato a final de año.
El director de la BdK, Wolfgang Fenske, rechaza esa versión. Sostiene que la relación era de carácter público-administrativo, no un mero acuerdo entre privados, y recuerda que la biblioteca figura formalmente como «miembro asociado» del consorcio. La BdK ha presentado ya un recurso ante el Tribunal Administrativo de Gotinga, que por ahora no ha trasladado el caso a jurisdicción civil, lo que respalda su interpretación.
Durante más de quince años, la biblioteca ha pagado sus cuotas puntualmente y ha aportado unos 35.000 títulos al catálogo conjunto K10plus, el principal registro académico utilizado por universidades y bibliotecas regionales. Según Fenske, la exclusión provocará que una parte significativa de su fondo —alrededor del 10% es material exclusivo— desaparezca del circuito académico, un daño que considera contrario al interés público.
Fenske acusa al GBV de no ofrecer ninguna justificación de fondo para la expulsión. El consorcio se ampara en su supuesto derecho a rescindir sin explicaciones, algo que, según la BdK, vulnera el principio de igualdad que rige para las entidades públicas. El resultado, denuncia, es la desvalorización de años de trabajo de catalogación, un perjuicio económico evidente y la invisibilización del pensamiento conservador en los canales de investigación universitarios.
El argumento del GBV sobre que la BdK se encuentra «fuera del territorio del consorcio» es, para Fenske, una excusa de última hora. En Berlín existen unas veinte bibliotecas conectadas al GBV sin que nunca se haya planteado problema alguno. Desde 2008, recuerda, la ubicación geográfica jamás se usó como criterio de exclusión.
La BdK sospecha que la decisión es, en realidad, una concesión a la presión de redes y activistas de izquierdas, que llevan meses exigiendo el fin de la colaboración. La rescisión, efectuada en junio, supone que miles de obras de pensamiento conservador desaparezcan de la búsqueda académica estándar, limitando el acceso de investigadores y estudiantes.