El primer ministro de Eslovaquia, Robert Fico, mantuvo el sábado 17 de enero un encuentro con el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, en la residencia presidencial de Mar-a-Lago. La reunión, descrita por el propio Fico como informal y abierta, abordó asuntos europeos e internacionales y dejó un mensaje político claro: Bratislava reclama margen propio y cuestiona el rumbo de la Unión Europea.
Fico calificó la invitación como una muestra de «gran respeto y confianza». Según su relato, Washington solicitó expresamente la opinión eslovaca sobre Ucrania. El primer ministro subrayó que su país mantiene posiciones soberanas y que no actúa como un «loro de Bruselas». Reiteró un enfoque pacifista y defendió la primacía de la diplomacia frente a las soluciones militares.
La conversación se extendió a la competitividad de la Unión Europea, así como a las políticas energéticas y migratorias. Fico afirmó que existió consenso total en el diagnóstico de una UE en profunda crisis, una valoración que encaja con la línea crítica que el líder eslovaco mantiene desde su regreso al poder.
El encuentro se produjo, además, en un contexto estratégico para Bratislava. Ambos gobiernos avanzan hacia la firma de un acuerdo intergubernamental de cooperación nuclear civil. Eslovaquia proyecta construir un reactor de diseño estadounidense en la central de Jaslovské Bohunice, la primera unidad de este tipo en el país. Las obras arrancarían en 2027 y la puesta en marcha se prevé para 2040. Con una inversión estimada en 15.000 millones de euros, el plan se convertiría en la mayor infraestructura de la historia eslovaca.