Un nuevo estudio elaborado por la Universidad de Colonia y la Oficina Estatal de Policía Criminal ha desvelado que la violencia entre la juventud alemana se está disparando, especialmente entre los extranjeros. Mientras tanto, los adolescentes de origen alemán muestran una tendencia opuesta, con índices de agresividad en descenso. El informe, presentado por el ministro del Interior de Renania del Norte-Westfalia, Herbert Reul (CDU), ha encendido las alarmas sobre un fenómeno que los investigadores vinculan a la pérdida de autoridad en las escuelas, la influencia de las redes sociales y la falta de consecuencias legales para los menores de 14 años.
La investigación, que abarcó a 3.800 estudiantes de entre 12 y 15 años en 27 centros educativos de las conflictivas localidades de Gelsenkirchen, Herten y Marl, revela un cambio profundo en las actitudes y comportamientos de los jóvenes. En comparación con el mismo estudio realizado en 2015, los niveles de respeto hacia los profesores, las normas escolares y las figuras de autoridad se han desplomado. En 2015, el 80% de los alumnos consideraba inaceptable faltar a clase; hoy, esa cifra apenas llega al 60%. El porcentaje de estudiantes que creen que los docentes actúan ante una pelea cayó del 68% al 39%, y sólo dos de cada diez afirman que existe una relación de respeto mutuo entre alumnos y profesores.
El director del estudio, el profesor Clemens Kroneberg, apunta al aislamiento social durante la pandemia y al entorno digital como factores que han acentuado la agresividad. «Durante el confinamiento, aumentaron los episodios de violencia doméstica, y eso deja huella en los adolescentes», ha explicado. Sin embargo, el estudio no logra aclarar por qué la violencia ha retrocedido entre los jóvenes alemanes y se ha disparado entre los hijos de inmigrantes, a pesar de que ambos grupos atravesaron las mismas circunstancias durante la pandemia.
Uno de los datos más inquietantes es el auge de la violencia ejercida por chicas adolescentes. Los ataques protagonizados por menores de 14 años se han incrementado un 150% en el caso de las niñas y un 104% en el de los niños en las tres ciudades analizadas. «Las jóvenes parecen sentirse más legitimadas para usar la fuerza, como una forma de reivindicar igualdad», sostiene Kroneberg.
El ministro Herbert Reul, que presentó el estudio en Düsseldorf, ha advertido que la sociedad se dirige hacia «un sistema de impunidad». Ha recordado que los menores de 14 años no pueden ser procesados penalmente, lo que, según él, deja a la policía y a los jueces sin herramientas efectivas. Por ello, ha propuesto abrir un debate nacional sobre la edad mínima de responsabilidad penal y ha instado a estudiar modelos como el sueco, donde existen centros de detención especializados para adolescentes violentos.
El informe también detalla una fractura creciente entre jóvenes nativos y de origen extranjero. Entre 2013 y 2024, los delitos cometidos por estudiantes alemanes de entre 11 y 13 años descendieron un 17%, mientras que los protagonizados por menores extranjeros aumentaron más del 100% en las mismas áreas. Reul subraya que muchos de estos jóvenes crecen «en entornos donde la violencia se percibe como una forma legítima de resolver conflictos».
Las cifras federales confirman esta tendencia. Según la Oficina de Policía Criminal (BKA), el índice de sospechosos por cada 100.000 habitantes (TVBZ) se sitúa en 1.878 para los alemanes, pero asciende a 8.236 entre los sirios y a 8.753 entre los afganos, más de cuatro veces superior. El ministro considera que la falta de disciplina, la ausencia de autoridad y el relativismo educativo están generando «una generación que no teme las consecuencias».