Un reciente informe del IFOP elaborado para la LICRA ha puesto cifras a una realidad cada vez más visible en Francia: el racismo se ha extendido de forma estructural y afecta a distintos grupos, incluidos blancos y judíos.
El estudio, basado en más de 14.000 encuestas, concluye que casi la mitad de la población francesa (46%) ha sufrido algún tipo de discriminación o comportamiento racista, principalmente en forma de insultos o agresiones verbales.
Uno de los datos más llamativos es que el 39% de los franceses blancos afirma haber sido víctima de discriminación, un fenómeno que, según el propio informe, no puede seguir siendo ignorado ni descalificado como una «fantasía». «No estamos alimentando relatos victimistas», advierten los autores, subrayando que se trata de una realidad que afecta a millones de personas.
Sin embargo, la situación es especialmente grave en el caso de la comunidad judía. Hasta el 69% de los judíos en Francia declara haber sufrido discriminación por motivos religiosos, lo que sitúa a este colectivo como uno de los más castigados por el clima de hostilidad.
Las consecuencias van más allá de episodios aislados. El 31% de los jóvenes judíos afirma haber tenido que cambiar de centro educativo por motivos de seguridad, mientras que un 81% reconoce que evita mostrar su identidad o frecuentar determinados lugares por miedo a sufrir agresiones.
El informe también alerta del impacto psicológico de esta situación. Casi uno de cada cuatro afectados sufre ansiedad o depresión, una cifra que se dispara hasta el 47% en el caso de los judíos. Además, más de la mitad de las víctimas (55%) ha llegado a plantearse abandonar el país.
En paralelo, los datos oficiales registraron 1.320 incidentes antisemitas en 2025, confirmando la persistencia de un problema que las autoridades francesas no han logrado contener.
El estudio concluye que el racismo en Francia adopta múltiples formas y no afecta a todos los grupos por igual, pero deja una constatación clara: la fractura social se profundiza y el clima de convivencia se deteriora, con comunidades enteras que comienzan a replegarse ante el temor creciente a la discriminación.