«Ser es defenderse», Ramiro de Maeztu
Alemania registró 337 ataques anticristianos en 2024

Un informe de la Inteligencia francesa alerta: el yihadismo prepara una ofensiva directa contra los cristianos en Europa

Yihadistas, en un juicio. Europa Press

La persecución contra los cristianos en Europa ya no es un tema marginal: es una amenaza creciente que los servicios de Inteligencia empiezan a reconocer explícitamente. Un informe confidencial de la Dirección General de Seguridad Interior (DGSI), filtrado a Le Figaro, advierte del avance del islamismo violento dirigido específicamente contra iglesias, sacerdotes y fieles, una tendencia que conecta los atentados recientes con décadas de propaganda yihadista destinada a demonizar al cristianismo.

La alerta llega semanas después del ataque del 10 de septiembre en Lyon, donde Ashur Sarnaya, un cristiano iraquí en silla de ruedas, fue apuñalado en un acto que los investigadores describen como parte del patrón de obsesión yihadista por «ajustar cuentas» con los cristianos. Para la DGSI, no se trata de casos aislados, sino del resultado directo de una narrativa que lleva años presentando a los cristianos como «infieles», «idólatras» o «cruzados».

El informe explica que esta retórica hunde sus raíces en la propaganda de al-Qaeda desde finales de los años 90. En 1998, Osama bin Laden emitió la célebre fatwa llamando a atacar a «judíos y cruzados». Su sucesor, Ayman al-Zawahiri, reforzó la idea de un conflicto global entre «los cruzados y sus aliados» y el islam, en una narrativa que mezcla cruzadas medievales, colonialismo europeo y operaciones militares occidentales recientes.

El Estado Islámico adoptó el mismo lenguaje y lo llevó al extremo. En 2014 prometía «conquistar Roma, romper las cruces y esclavizar a sus mujeres«, y en 2015 su revista en francés, Dar al-Islam, instaba a atacar iglesias para «sembrar el terror en sus corazones». En paralelo, el grupo yihadista Thabat pedía usar cuchillos o vehículos contra los lugares de culto cristianos, señalándolos como objetivos legítimos.

Las consecuencias han sido brutales. En Argelia, durante los años 90, el Grupo Islámico Armado asesinó a al menos 19 religiosos. En Pakistán, células vinculadas a al-Qaeda atacaron repetidamente comunidades cristianas en los 2000. En 2015, el Estado Islámico ejecutó a 21 cristianos coptos en una playa de Libia, en uno de los vídeos más macabros que recuerde la propaganda yihadista.

Europa tampoco ha sido ajena a esta ofensiva. La DGSI recuerda atentados como el del mercado navideño de Berlín en 2016, que dejó 12 muertos; el asesinato del padre Jacques Hamel, degollado durante misa en Saint-Étienne-du-Rouvray ese mismo año; o el ataque de 2020 en la basílica de Notre-Dame de Niza. Todos ellos comparten un mismo patrón: templos y creyentes convertidos en objetivos simbólicos.

Los datos del Observatorio de Discriminación contra los Cristianos en Europa (OIDAC) confirman el salto cualitativo. Sólo en 2024, Alemania registró 337 ataques anticristianos, incluidos 33 incendios provocados en iglesias. En Francia, varios templos fueron profanados o atacados, desde el incendio en Saint-Omer hasta el uso de gas lacrimógeno contra los fieles adventistas en Dijon.

Francia empieza ahora a admitir lo que las comunidades cristianas llevan años denunciando: la cristianofobia alimentada por el islamismo radical es una amenaza real y creciente. Europa, mientras tanto, sigue mirando hacia otro lado.

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