«Ser es defenderse», Ramiro de Maeztu
Durante el mandato de Boris Johnson

Un informe oficial en Reino Unido concluye que llamar a «quedarse en casa» en el covid provocó que miles de enfermos no recibieran atención médica esencial

La vacuna contra el Covid producida por Moderna. Europa Press

Una investigación oficial sobre la pandemia de la COVID-19 en Reino Unido concluye que el mensaje institucional de «quédate en casa» provocó un efecto colateral devastador: miles de pacientes con enfermedades graves se quedaron sin atención médica esencial, con consecuencias mortales en casos de cáncer e infartos.

Según publica The Times, el informe, dirigido por la juez Heather Hallett, sostiene que el lema gubernamental «Quédate en casa, salva vidas» «transmitió el mensaje de que la atención médica estaba cerrada», lo que desincentivó a muchos ciudadanos a acudir a urgencias incluso en situaciones críticas.

Según el documento, el colapso del Servicio Nacional de Salud del Reino Unido obligó a priorizar a los pacientes con coronavirus, dejando en segundo plano a millones de personas con otras patologías. «Los retrasos fueron perjudiciales y contribuyeron a un mayor número de muertes por cáncer», recoge el texto, que subraya el impacto directo en diagnósticos tardíos y tratamientos interrumpidos.

El informe revela que la lista de espera del Sistema Nacional de Salud pasó de 4,24 millones de pacientes antes del confinamiento de marzo de 2020 a 7,77 millones en septiembre de 2023, situándose actualmente en 7,16 millones. Una cifra que evidencia que el sistema sanitario británico aún no se ha recuperado del impacto de la pandemia.

Además, se apunta directamente a la gestión política del mensaje. La campaña fue diseñada por la Oficina del Gabinete del Gobierno del entonces primer ministro Boris Johnson «sin aportación de responsables sanitarios», lo que, según el informe, agravó sus efectos.

Entre las consecuencias más graves, se documenta que pacientes con infartos evitaron acudir a hospitales por miedo a «sobrecargar» el sistema, lo que derivó en un aumento de la mortalidad cardiovascular. Asimismo, algunos enfermos fueron privados de acceso a cuidados intensivos o recibieron órdenes de «no reanimar» de forma inapropiada debido a la saturación hospitalaria.

El texto también denuncia el impacto humano de las restricciones: «Muchos fallecieron solos en el hospital», sin la presencia de sus familias. En este sentido, Hallett recomienda que en futuras crisis sanitarias las limitaciones a las visitas sean «las menos restrictivas posibles».

El análisis, de 404 páginas detalla cómo los retrasos en el diagnóstico del cáncer de intestino provocaron unas 1.630 muertes adicionales. También señala que las operaciones de reemplazo de cadera cayeron un 42 % durante el primer año de pandemia, dejando a unos 44.000 pacientes sin intervención.

«Es evidente que los retrasos provocaron sufrimiento y, en algunos casos, costaron vidas», afirmó Hallett, quien insistió en que algunos pacientes «dejaron de ser candidatos a cirugía» tras largas esperas.

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