Un ciudadano africano de origen ghanés ha sido condenado en Bélgica tras colocar una bolsa de basura sobre la cabeza de su esposa, violarla y tratar de estrangularla en el domicilio familiar. Durante el juicio, su abogada solicitó una reducción de la pena alegando que el acusado «proviene de una cultura en la que la mujer debe satisfacer al marido, incluso cuando no quiere».
Los hechos ocurrieron el pasado 27 de agosto en la localidad de Mol, en la región de Kempen. Según relató la Fiscalía ante el Tribunal Penal de Turnhout, la víctima se despertó con una bolsa de basura cubriéndole la cabeza mientras su marido, identificado como J.S., se encontraba encima de ella, ejerciendo violencia sexual y física.
La intervención policial se produjo inicialmente por un aviso de violencia doméstica. Sin embargo, fue el propio acusado quien, durante las diligencias, condujo a los investigadores a esclarecer que se trataba de una violación. «El caso comenzó como violencia intrafamiliar, pero el propio acusado nos llevó hasta la constatación del delito sexual», explicó la fiscal Hanne Hendrickx.
La mujer declaró que vivía atemorizada por su marido y que la situación debía cambiar de forma urgente. Pese a ello, el acusado negó la gravedad de los hechos y admitió únicamente que había mantenido relaciones sexuales forzadas con su esposa en varias ocasiones. «Dijo que sólo la violó y que a veces la obligaba a mantener relaciones cuando ella no quería», señaló la acusación.
Durante la vista, la defensa insistió en justificar el comportamiento del acusado por motivos culturales. «Proceden de una cultura en la que el hombre espera más de la mujer y en la que ella debe satisfacer al marido aunque no lo desee», afirmó la abogada ante el tribunal, solicitando una condena más leve.
El argumento fue rechazado de plano por la Fiscalía, que subrayó que el acusado «no acepta nunca una negativa en el plano sexual» y trata de normalizar la violencia como una forma de “calmar conflictos». El tribunal escuchó también el testimonio de la víctima, quien expresó su esperanza de que su marido entienda finalmente que «no viven en África».
«No se puede exigir sexo en cualquier momento, ni siquiera dentro del matrimonio», recalcó la fiscal, añadiendo que, si el acusado no comprende las normas básicas de convivencia de Bélgica, deberá recibir apoyo para entender los valores legales y sociales occidentales. El hombre se enfrenta a una pena de hasta tres años de prisión. La sentencia definitiva será dictada el próximo 4 de febrero.