«Ser es defenderse», Ramiro de Maeztu
Es el segundo ataque que sufre el templo en 2025

Un inmigrante ilegal con una orden de expulsión en vigor agrede a un sacristán en la iglesia de La Madeleine de París

Policía francesa. Europa Press

Un nuevo episodio de violencia ha sacudido uno de los templos más emblemáticos de la capital francesa, la iglesia de La Madeleine, donde un inmigrante ilegal, sujeto a una orden de expulsión vigente, agredió brutalmente a un sacristán el pasado sábado por la mañana.

Los hechos ocurrieron alrededor de las 10:30 horas en el interior de la iglesia, ubicada en el VIII distrito de París. Según relatan las autoridades, el sacristán y un empleado dedicado al mantenimiento del templo, sorprendieron a un hombre comiendo en el recinto sagrado. Al solicitarle amablemente que abandonara el lugar, el individuo reaccionó con extrema agresividad. No solo profirió amenazas de muerte repetidas contra la víctima, sino que le propinó un puñetazo en el rostro y trató de estrangularlo, en un intento claro de causarle daños graves. El agresor huyó a pie, pero fue detenido minutos después, a las 10:40 horas, en el Boulevard Malesherbes, por agentes de policía alertados por la descripción proporcionada por el sacristán.

La víctima, afortunadamente, solo sufrió heridas leves, pero el impacto psicológico y simbólico del ataque es innegable. Presentó una denuncia inmediata, lo que desencadenó una investigación a cargo de la comisaría del VIII distrito. El fiscal de París ha calificado los cargos como «violencia sin incapacidad cometida por motivos de raza, etnia, nación o religión«, «amenazas de muerte repetidas por los mismos motivos», «alteración del orden en un lugar de culto con el fin de impedir, retrasar o interrumpir el ejercicio del culto» y «rebelión». Estos delitos subrayan no solo la brutalidad del acto, sino también su posible carga discriminatoria contra la fe católica, en un país donde los templos cristianos han sido blanco recurrente de profanaciones.

El perfil del agresor agrava aún más la situación. Se trata de un inmigrante ilegal que se encontraba bajo una Obligación de Abandonar el Territorio Francés (OQTF), una medida administrativa que obliga a los extranjeros en situación ilegal a salir del país. Durante su detención, opuso resistencia a los agentes, lo que llevó a uno de ellos a presentar una denuncia adicional. Sin embargo, la custodia fue levantada prematuramente debido a que su estado de salud se consideró incompatible con la detención, un detalle que podría interpretarse como una nueva laxitud en el sistema judicial. Aunque no se han revelado públicamente su nombre, edad o nacionalidad, fuentes policiales confirman su estatus ilegal, así como la orden de expulsión en vigor.

Este no es un incidente aislado en La Madeleine. Apenas unos meses atrás, el 26 de julio, el templo fue escenario de otra profanación durante una misa dominical. Cinco activistas pro-palestinos, ataviados con pañuelos palestinos, irrumpieron en el momento culminante de la Eucaristía, gritando consignas como «¡Viva Palestina!» y «¡Basta de genocidio en Gaza!». El sacerdote, monseñor Patrick Chauvet, intentó razonar con ellos, pidiendo respeto por el espacio sagrado y el sacramento, pero los militantes desestimaron sus palabras, priorizando su causa política sobre la liturgia católica. Dos policías presentes intervinieron inicialmente, y con refuerzos, expulsaron a los intrusos. El rector presentó una denuncia formal y se reveló que los activistas planeaban repetir acciones similares en otras iglesias parisinas, configurando un patrón de militancia ideológica que atenta contra lo sagrado.

Estos eventos en La Madeleine ilustran un preocupante patrón en Francia y Europa; el aumento de ataques contra iglesias cristianas, a menudo vinculados a perfiles radicales o ilegales. En el caso de julio, los perpetradores actuaban en nombre de una causa política con tintes islamistas, profanando la Eucaristía como acto de «militancia». Ahora, un inmigrante ilegal con orden de expulsión ataca físicamente a un servidor de la iglesia, posiblemente motivado por prejuicios religiosos.

Las políticas migratorias laxas de la Unión Europea y del gobierno francés, bajo Emmanuel Macron, han sido criticadas por permitir que miles de personas en situación ilegal permanezcan en el continente sin supervisión adecuada. Según datos del Ministerio del Interior francés, solo en 2024 se emitieron más de 100.000 OQTF, pero menos del 10% se ejecutaron. Esto genera un caldo de cultivo para la delincuencia, el radicalismo y la inseguridad. En París, ciudad cosmopolita pero cada vez más tensionada, los lugares de culto se convierten en objetivos fáciles. La Madeleine, con su historia y simbolismo, representa la herencia cristiana de Francia, ahora amenazada por una globalización sin fronteras que prioriza los derechos de los inmigrantes sobre la protección de los ciudadanos.

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