En la ciudad italiana de Empoli, un voluntario de 85 años, Antonio Turrisi, ha quedado gravemente herido tras ser brutalmente agredido por un inmigrante nigeriano al que alimentaba a diario en un comedor social.
El ataque se produjo el pasado 14 de noviembre de 2025 cuando Turrisi regresaba a su domicilio tras colaborar en el comedor Emmaus. Según las imágenes de videovigilancia, el agresor se abalanzó sobre él sin previo aviso y le propinó una violenta paliza a base de golpes y patadas, que sólo cesó cuando un viandante intervino.
Las consecuencias han sido devastadoras. El anciano tuvo que ser sometido a la extirpación del bazo y sufre daños nerviosos permanentes que le impiden caminar con normalidad, necesitando actualmente un andador para desplazarse.
«Casi muero. Me dijeron que dos patadas más habrían bastado para matarme», relató la víctima en declaraciones a medios italianos. Según explicó, el agresor —un hombre sin hogar de origen nigeriano— no medió palabra antes del ataque. «Me atacó sin motivo. Aún no puedo entender por qué», afirmó. El autor fue posteriormente localizado y detenido por las autoridades, ingresando en prisión.
El caso ha generado una fuerte conmoción en Italia no sólo por la violencia extrema del ataque, sino por la relación previa entre agresor y víctima. Turrisi colaboraba regularmente en labores solidarias y atendía a personas sin recursos, entre ellas al propio atacante.
Tras lo sucedido, el anciano ha reclamado medidas más firmes frente a este tipo de situaciones. «Estos episodios son cada vez más frecuentes. Si quienes cometen estos actos son extranjeros en situación irregular, deben ser expulsados. No pueden permanecer en nuestro país si no respetan las normas», señaló.