Alemania vuelve a enfrentarse a uno de los agujeros negros de su política migratoria: delincuentes multirreincidentes que entran sin papeles, acumulan historial criminal y nunca son expulsados. El caso de Redouan El H., marroquí de 34 años, es un ejemplo extremo. Llegó en 2015 sin documentación y mintiendo sobre su nacionalidad, solicitó asilo —rechazado desde el principio— y pasó los siguientes diez años delinquiendo sin freno, encadenando detenciones, identidades falsas y procesos judiciales.
Hoy está sentado en el banquillo de Hannover, acusado de intento de asesinato y robo tras una agresión. Su historial es devastador: 19 antecedentes penales por robo, coacciones, agresiones, tráfico de drogas y extorsión, además de 11 identidades distintas con las que logró evadir durante años cualquier intento de deportación. Marruecos, por su parte, se ha negado reiteradamente a emitir los documentos necesarios para su retorno.
El 27 de mayo de 2025 protagonizó una agresión salvaje contra un hombre de 47 años —un conocido suyo— en la estación central de Hannover. Todo quedó registrado en las cámaras de seguridad: golpes repetidos con un candado de bicicleta, patadas en la cabeza del hombre ya tendido en el suelo y un charco de sangre que se expandía bajo la víctima. Un testigo aseguró: «Golpeaba a ciegas, con rabia. Le pisó el cráneo. Jadeaba. Había un charco de sangre en la cabeza del hombre». La víctima sobrevivió de milagro, con lesiones severas.
Apenas 48 horas después, Redouan volvió a actuar robando el teléfono móvil de otro hombre en Steintor, también en Hannover. Las autoridades intentaron expulsarlo dos días antes, pero la operación fracasó porque debía volver a sentarse ante la Justicia por nuevos delitos. Y aunque ahora se enfrenta a una condena larga, la deportación sigue siendo improbable, ya que Marruecos continúa sin facilitar documentación.
Redouan sostiene que actuó en «legítima defensa», pero las imágenes del ataque desmontan completamente su versión. El veredicto llegará en diciembre.