Un solicitante de asilo sirio de 21 años, identificado como Mohamed K., ha vuelto a ser detenido en Países Bajos, esta vez como sospechoso de participar en un ataque con arma blanca en la ciudad de Winschoten. El joven ya había provocado una fuerte indignación nacional después de robar peluches del memorial dedicado a Jeffrey y Emma, dos niños asesinados cuya muerte conmocionó al país.
El nuevo caso se produjo a comienzos de mes durante una violenta reyerta en la calle Lekstraat, en Winschoten. Tres personas resultaron heridas por arma blanca y la Policía desplegó al menos cuatro vehículos para controlar la situación. En total, fueron detenidas ocho personas procedentes de Winschoten, Leeuwarden y Oude Pekela.
Entre los arrestados se encuentra Mohamed K., que oficialmente reside en Leeuwarden, aunque, según la prensa neerlandesa, pasa con frecuencia temporadas en casa de sus padres en Winschoten. De los ocho sospechosos iniciales, sólo dos permanecen bajo custodia: el joven sirio y un hombre de 52 años también residente en Winschoten.
La Fiscalía neerlandesa no ha detallado por ahora qué papel atribuye a cada uno de los detenidos, pero Mohamed K. figura entre los investigados por la pelea que terminó con varios heridos de arma blanca. Entre los afectados se encuentra también un menor.
El nombre de Mohamed K. ya era conocido en Países Bajos por un episodio que generó enorme repulsa social. En mayo del año pasado, el joven sirio, junto a otros dos compatriotas procedentes del centro de solicitantes de asilo de Winschoten, robó peluches del memorial levantado en recuerdo de los niños Jeffrey, de 10 años, y Emma, de ocho.
Los dos menores murieron después de que su padre condujera deliberadamente el coche en el que viajaban hacia un canal en Winschoten. La desaparición de los niños movilizó a cientos de agentes y voluntarios, y el posterior hallazgo de los cuerpos provocó una oleada de conmoción en todo el país.
En el muelle donde murieron los menores, vecinos y ciudadanos depositaron flores y peluches como homenaje. Mohamed K. y sus acompañantes grabaron cómo recogían varios de esos peluches, los lanzaban y los metían en un vehículo mientras se reían. El vídeo fue publicado en Snapchat y se hizo viral.
En las imágenes, los jóvenes se animaban entre ellos a darse prisa y hacían comentarios burlones sobre los niños fallecidos. La escena provocó una profunda indignación en la sociedad neerlandesa, especialmente entre los familiares de las víctimas y los vecinos que habían participado en el homenaje.
La Policía pidió entonces a la población que no se tomara la justicia por su mano y que facilitara cualquier información a las autoridades. La alcaldesa de Oldambt, Cora-Yfke Sikkema, lamentó públicamente las imágenes y subrayó el daño emocional causado por la profanación del memorial.
Los familiares de Jeffrey y Emma calificaron el robo como «horrible» y reclamaron respeto hacia el lugar de recuerdo de los niños. Mohamed K. y los otros implicados fueron condenados a trabajos comunitarios por aquella actuación.