Una estudiante británica de 20 años murió después de acudir en tres ocasiones a un centro de atención urgente del NHS, donde los médicos le diagnosticaron repetidamente una gastroenteritis pese a que en realidad sufría una obstrucción intestinal que podía haberse tratado mediante cirugía.
La joven, Libby Instone, natural de Billingham, en Teesside, estudiaba en la Universidad de Newcastle y quería convertirse en abogada. Falleció en agosto de 2023 tras varios días de dolor intenso, vómitos y deterioro físico. Los detalles del caso recién salen a la luz.
Su madre, Susan Instone, declaró durante la investigación judicial que el personal sanitario parecía más pendiente del partido del Mundial femenino que se emitía por televisión que del estado de su hija, según recoge GB News.
Libby había regresado de un viaje a Londres con su novio el 16 de agosto cuando comenzó a encontrarse mal. Dos días después, su madre llamó al servicio telefónico 111 y la llevó al centro de atención urgente del Hospital North Tees. Allí le recetaron medicación contra las náuseas sin realizarle una exploración completa.
La familia volvió esa misma noche al centro sanitario. Un médico diagnosticó a la joven una gastroenteritis y le administró suero. Fue dada de alta a la 1.30 de la madrugada, pero poco después volvió a vomitar en el aparcamiento del hospital.
Según relató su madre, una trabajadora del centro se le acercó entonces y le dijo que el personal había pensado que Libby era una «pérdida de tiempo».
Horas más tarde, la familia regresó de nuevo al centro de urgencias porque la joven estaba «totalmente agotada y muy débil». Tras hablar con el personal sanitario, decidieron llevarla a urgencias, donde esperaron hasta nueve horas antes de ser atendidos.
Al día siguiente, sus padres visitaron la planta donde se encontraba ingresada y, según denunciaron, el personal estaba viendo por televisión una tanda de penaltis del Mundial femenino.
Libby fue posteriormente autorizada a volver a casa, pero continuó sintiéndose mal. «Dijo que tenía miedo y preguntó si iba a morir», recordó su madre durante la vista. «Me reí y le dije que no dijera tonterías». Minutos después, la joven se desplomó. Los servicios de emergencia acudieron al domicilio, pero no pudieron salvarle la vida.
Un experto médico independiente concluyó que Libby llevaba varios días sin poder evacuar, un dato que debería haber alertado a los médicos de que no se trataba de una simple gastroenteritis. El informe señaló que se perdieron varias oportunidades para realizar una prueba de imagen abdominal y que una intervención quirúrgica podría haber tratado con éxito su dolencia.
El doctor Michael Stewart, director médico de los trusts del NHS implicados, ofreció una disculpa «sincera y sin reservas» por las oportunidades perdidas en la atención de Libby.
La forense Clare Bailey afirmó que el hecho de no considerar ningún diagnóstico distinto a la gastroenteritis constituyó un «grave fallo» en la atención prestada a la joven. También aceptó que el hospital ha introducido desde entonces mejoras en sus procedimientos.