Una piscina pública de Alemania ha decidido impedir la entrada a las personas que no puedan comprender las indicaciones básicas en alemán, una medida que sus responsables justifican por la necesidad de proteger a los bañistas y evitar accidentes.
La nueva norma se aplica en el Heidebad, un recinto natural situado en Halle, en el estado de Sajonia-Anhalt. Antes de acceder, los visitantes deberán demostrar que son capaces de entender las advertencias de los socorristas, las instrucciones de emergencia y las indicaciones sobre la profundidad del agua.
El director gerente de las instalaciones, Mathias Nobel, ha defendido públicamente la decisión y ha recordado que sobre la empresa recae la responsabilidad de garantizar la seguridad de miles de usuarios, incluidos numerosos niños y familias.
Según la dirección, las barreras lingüísticas han provocado que algunos bañistas ignoren o no comprendan advertencias esenciales, generando situaciones que podrían haber terminado en tragedia.
Un niño tuvo que ser rescatado
La decisión fue adoptada después de varios problemas relacionados con la comunicación entre el personal y determinados usuarios. En uno de los incidentes más recientes, Nobel, que ejercía en ese momento como socorrista, tuvo que sacar del agua a un niño que había entrado en una zona profunda sin comprender correctamente las advertencias.
El responsable sostiene que, en un entorno acuático, unos pocos segundos pueden marcar la diferencia entre un susto y un accidente mortal. Una orden como salir del agua, detenerse o alejarse de una zona peligrosa debe ser entendida inmediatamente.
Por ello, los empleados podrán denegar el acceso cuando consideren que no existe una comunicación mínima y fiable con el visitante. La medida no establece una prohibición basada en la nacionalidad o el origen, sino en la capacidad para comprender las instrucciones necesarias para permanecer con seguridad dentro de las instalaciones.
Prefieren las críticas antes que un accidente evitable
La nueva política ha provocado críticas y acusaciones de discriminación. La dirección del Heidebad reconoce que la decisión puede generar enfrentamientos con algunos usuarios, pero afirma que asume deliberadamente ese coste. Los responsables consideran preferible afrontar el enfado de una persona a tener que responder por un accidente que podría haberse evitado.
La norma ya está siendo aplicada y varios visitantes han sido rechazados en la entrada al no poder establecer una comunicación suficiente con los trabajadores.
El caso expone uno de los problemas derivados de una inmigración numerosa sin una integración lingüística adecuada: los servicios públicos se ven obligados a gestionar situaciones en las que ni siquiera pueden garantizar que sus instrucciones de seguridad sean comprendidas.
Las piscinas europeas endurecen sus controles
El Heidebad no es el único recinto europeo que ha reforzado sus condiciones de acceso ante los problemas registrados durante los últimos años.
Una piscina de Porrentruy, en Suiza, llegó a restringir temporalmente la entrada a visitantes extranjeros después de sufrir episodios continuados de violencia, acoso sexual y alteraciones del orden protagonizados por jóvenes llegados desde la cercana Francia.
Las autoridades locales justificaron entonces la decisión por la necesidad de recuperar la tranquilidad y proteger a las familias. Tras la implantación de los controles, aumentó la venta de abonos y no volvieron a registrarse incidentes graves. La prohibición general fue sustituida posteriormente por un sistema que exige más requisitos a los visitantes no residentes.
Quienes no poseen un permiso suizo de residencia, trabajo o establecimiento deben adquirir su entrada previamente por internet. Además, los usuarios sin una tarjeta turística reconocida están obligados a presentar documentación en el acceso.
Los no residentes pagan también una tarifa superior. El alcalde defendió el modelo asegurando que su objetivo no era enfrentar a extranjeros y suizos, sino garantizar el orden dentro de las instalaciones.
Las piscinas presentan riesgos particulares: aglomeraciones, zonas de distinta profundidad, niños sin suficiente experiencia y emergencias que requieren obedecer instrucciones inmediatas. En esas circunstancias, la capacidad de comunicarse con los socorristas no es una cuestión cultural secundaria. Constituye una condición básica para la seguridad colectiva. La dirección del Heidebad ha optado por asumir las críticas antes que rebajar sus protocolos por miedo a ser acusada de discriminación.