«Ser es defenderse», Ramiro de Maeztu
Otro caso de “delito de odio” fabricado

Una profesora marroquí condenada en Francia por fingir amenazas racistas que sembraron el caos en su colegio

Escuela. Europa Press

Una profesora de origen marroquí ha sido condenada en Francia por inventar amenazas racistas y denunciarse a sí misma ante la policía, en un caso que desató el caos en su colegio y provocó la desconfianza entre docentes, alumnos y padres, según Remix News.

El tribunal de Libourne sentenció a la mujer, de 43 años, a 12 meses de prisión en suspensión, además de cinco años de inhabilitación profesional y tratamiento psicológico obligatorio, tras declararla culpable de fraude agravado y denuncia falsa. También deberá indemnizar a la administración educativa por los gastos ocasionados durante la investigación y las medidas de seguridad.

La profesora, que trabajaba en el Instituto Jean Monnet, afirmó haber recibido cartas y mensajes de muerte con insultos racistas. La policía movilizó recursos y el centro educativo vivió semanas de tensión: se interrogaron estudiantes, se detuvo a un menor y se rompieron amistades entre docentes. Todo resultó ser una invención. «Estoy devastada, la apoyé tanto… Hablábamos todos los días por teléfono. Saber que fue ella me destruyó», declaró una compañera ante la prensa local.

El engaño se descubrió cuando las autoridades accedieron a las grabaciones de vídeo que mostraban a la mujer comprando la tarjeta SIM desde la que se enviaron los supuestos mensajes amenazantes. Aunque confesó ese último acto, insistió en que «no recordaba haber escrito las cartas anteriores», una versión que el tribunal calificó de «mentira sostenida hasta el final».

Durante el juicio, su abogado alegó que la profesora estaba «atrapada en la espiral de su propia mentira» y que había fabricado pruebas para reactivar una investigación que la policía estaba a punto de cerrar. Los jueces, sin embargo, determinaron que no padecía ninguna enfermedad mental y que era plenamente responsable de sus actos.

El caso ha dejado una profunda huella en la comunidad educativa. «El instituto está dividido, hay profesores que ya no se hablan y estudiantes que fueron injustamente señalados. Cuando buscas el nombre del colegio en internet, esto es lo primero que aparece. Es una vergüenza», lamentó otra empleada del centro. El episodio se suma a una creciente lista de falsas denuncias de racismo que sacuden Francia y Europa, muchas de ellas amplificadas inicialmente por los medios y las redes sociales antes de descubrirse el fraude.

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