El presidente de Hungría, Viktor Orbán, ha respaldado públicamente la intervención militar liderada por la Administración del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, en Venezuela, que culminó con la captura del mandatario venezolano, Nicolás Maduro, y ha defendido la acción como un golpe significativo contra los llamados «narcoestados».
Orbán, conocido por su postura soberanista y su alianza política con Trump, ha celebrado que la caída de Maduro sea «una buena noticia» en la lucha contra el narcotráfico y ha visto en la operación un reflejo de la determinación de Washington para enfrentarse a gobiernos que —en su opinión— desafían el orden internacional.
La declaración llega en medio de un contexto geopolítico extremadamente tenso: la administración Trump autorizó una operación militar en Caracas en la que fuerzas estadounidenses capturaron a Maduro y a su esposa, Cilia Flores, para trasladarlos a Nueva York, donde enfrentan cargos por narcotráfico y terrorismo. Esta acción ha sido calificada por la extrema izquierda como una violación del derecho internacional y ha provocado profundas divisiones tanto dentro como fuera de Estados Unidos.
Trump ha defendido esta intervención señalando que busca desbaratar estructuras de narcotráfico y «restaurar la democracia», y ha anunciado planes para que Estados Unidos asuma el control temporal de Venezuela y gestione sus vastos recursos petroleros mientras se reorganiza su sistema energético.
Desde Budapest, Orbán ha vinculado la operación con un cambio más amplio en el orden global, interpretándola como una señal de que el antiguo «orden liberal» está perdiendo fuerza y dando paso a una nueva era en la que las grandes potencias actúan sin restricciones de las normas tradicionales. Para el primer ministro húngaro, el apoyo de Trump en temas como la lucha contra el narcotráfico y la seguridad energética —incluyendo potenciales beneficios para los mercados petroleros globales, que podrían favorecer a Europa Central— refuerza la alianza entre ambos líderes.
La operación del presidente estadounidense ha generado reacciones mixtas a escala global: mientras algunos aliados —como el primer ministro israelí Benjamin Netanyahu— han elogiado la acción de Trump, otros países y organizaciones han expresado su preocupación por el impacto sobre la estabilidad regional y el respeto al derecho internacional.
Con la captura de Maduro y la transición de poder en Venezuela marcada por la asunción de la vicepresidenta Delcy Rodríguez como líder interina, el futuro político del país sudamericano sigue siendo incierto, al tiempo que la posición de Orbán deja claro su alineamiento con las prioridades y estrategias de Trump frente a lo que considera amenazas transnacionales.