La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, viajará la próxima semana a Australia para intentar cerrar un nuevo acuerdo de libre comercio que Bruselas sitúa ya en la «recta final», en una nueva muestra de la estrategia del Ejecutivo comunitario.
Acompañada por el comisario de Comercio, Maros Sefcovic, la dirigente alemana se desplazará entre el 23 y el 25 de marzo a Sídney y Canberra con el objetivo de reactivar unas negociaciones que ya fracasaron en 2023 por las exigencias australianas de acceso al mercado europeo.
Pese a ese precedente, Bruselas insiste ahora en culminar el acuerdo en un contexto de tensiones internacionales, defendiendo la necesidad de «diversificar socios» frente a potencias como Estados Unidos o China. Sin embargo, este enfoque vuelve a situar en el centro del debate los riesgos de una mayor apertura comercial para sectores estratégicos europeos, especialmente el agroalimentario.
El acuerdo con Australia incluye, entre otros puntos, facilitar la entrada de productos como carne de vacuno, ovino o azúcar, lo que podría aumentar la presión sobre los productores europeos, ya afectados por regulaciones cada vez más estrictas dentro de la propia Unión.
Desde Bruselas se argumenta que el pacto permitirá asegurar el acceso a materias primas clave como litio, cobalto o tierras raras, pero críticos con este tipo de acuerdos advierten de que Europa vuelve a apostar por una dependencia exterior creciente, en lugar de reforzar su soberanía industrial.
La ofensiva comercial del Ejecutivo comunitario no es aislada. En los últimos meses, la Comisión ha impulsado acuerdos similares con Mercosur o India, consolidando una política orientada a ampliar mercados globales, pero que genera inquietud en amplios sectores productivos dentro de la Unión.
Lejos de corregir el rumbo tras el bloqueo de 2023, Von der Leyen redobla ahora su apuesta por estos tratados, en una estrategia que prioriza la integración global frente a la protección de los intereses económicos internos de los Estados miembros.