Buxadé: ‘Somos radicalmente europeos, los antieuropeos son quienes quieren dar todo el poder a los burócratas de Bruselas’

El jefe de la delegación de VOX en europa acaba de publicar el libro 'Soberanía'

Jorge Buxadé, vicepresidente de Acción Política de VOX y jefe de la delegación del partido en el Parlamento Europeo, habla en esta entrevista con La Gaceta de la Iberosfera de su nuevo libro ‘Soberanía’. En este ensayo, publicado por la editorial Homo Legens, Buxadé analiza los retos a los que se enfrenta la nación española en la actualidad y define a sus enemigos, que son internos -el Estado de las Autonomías y los partidos políticos- y externos -el globalismo y la Agenda 2030-.

-¿Cómo se le ocurrió escribir ‘Soberanía’ y, sobre todo, con ese currículum de obligaciones que tiene como político, cuándo lo escribió?

Es un proyecto que tenía en la cabeza, pero, efectivamente, el día a día me impedía llevarlo a cabo. El momento clave fue el 13 de marzo de 2020, cuando ya nos han metido a todos en casa, Sánchez ha acordado el arresto domiciliario, luego declarado inconstitucional, y soy consciente de que vamos a estar un determinado tiempo sin movernos de casa. El Parlamento Europeo también había prohibido la entrada, no a Greta Thunberg que sí que pudo hacer su discursito climático, y decidí ordenar muchas cosas que tenía escritas, también sobre todo lo que me había sucedido en esos meses en el Parlamento Europeo y me puse a escribir.

-Su libro sale a la vez que otros como ‘Política para adultos’ de Mariano Rajoy o ese ‘ajuste de cuentas’ de Cayetana Álvarez de Toledo, ¿es ‘Soberanía’ una obra para adultos? ¿con quién ajusta las cuentas en su obra?

Tengo 46 años, aún no tengo que ajustar cuentas con nadie, y menos con la gente de mi partido, al contrario. Es un libro que escribí pensando en los jóvenes, es cierto que también hay un evento muy doctrinal, cuestiones jurídicas, mucha política, por supuesto, pero creo que a los jóvenes hay que tratarles como adultos y hablarles del concepto de soberanía, del que no les han hablado en el colegio, ni en la Formación Profesional ni en las universidades. Creo que tienen todo el derecho a leer sobre España, sobre la nación española, de alguien que está dispuesto a defenderla y darse cuenta de que es algo que merece la pena defender.

-Ya que hablamos de libros políticos, ¿este lo ha escrito usted o también tiene ‘negros literarios’?

Está escrito íntegramente por mí, tanto la parte buena como la parte mala, todo es imputable a mí y a, por supuesto, la colaboración inimestimable de Pablo Zuazo que no solo redactó un prólogo extraordinario sino que también me ayudó a limar la última redacción.

-La palabra soberanía tiene muy mala fama. Bien porque ha sido manoseada por los separatistas o porque el consenso socialdemócrata se la ha quitado de encima y se la ha traspasado, casi en exclusiva, a entidades supranacionales, ¿por qué, entonces, se atreve usted con esta palabra?

Precisamente por eso. Porque el consenso progre, también meto ahí a la democracia cristiana, ha decidido que ya no van a defender la soberanía de la nación, sobre lo que se ha construido la Europa moderna de los últimos 300, 400 años. Defender la soberanía es defender la nación española y, por tanto, hay que explicarlo, conocerlo y, sobre todo, difundir la potencia política de la defensa de la soberanía. Tenemos nuestras fronteras, esto es España, está definido, tomamos decisiones, nos gobernamos.

-Hay dos enemigos de la soberanía: los internos y los externos, ¿ cuál es el enemigo más peligroso?

Ahora mismo el globalismo, el enemigo externo es, con toda seguridad, el más peligroso, porque con el separatismo llevamos conviviendo 120 años y hemos salido airosos de todas las batallas, porque el separatista es mentiroso y, en el fondo, es cobarde. De todas formas, hay que tenerlo presente y hay que combatirlo con ideas que también están presentes en el libro como la ilegalización de los partidos separatistas. Pero ahora mismo el globalismo es el más peligroso, por ser el más novedoso, el más poderoso a nivel mediático, porque ha aglutinado al consenso progre y porque tiene resortes jurídicos extraordinarios, especialmente en la Unión Europea que ahora mismo se ha convertido en el brazo ejecutor de esa agenda 2030 que supone arrasar con la soberanía de las naciones.

-Expone varios problemas para la soberanía en su libro. Voy a nombrarle cada uno de ellos y me explica cuál puede ser la solución para cada uno. Empiezo con los partidos separatistas.

Yo creo que hay que ir a la ilegalización claramente. No se pueden ilegalizar las ideas, por supuesto, pero sí se puede ilegalizar la ejecución política de esas ideas. Por tanto, el separatismo, algo que pretende ir al Senado, al Congreso, a insultar a España y tomar decisiones en contra de los españoles, podemos ilegalizarlo perfectamente. Pueden competir perfectamente como partidos políticos, pero estableciendo que hay unos límites y uno de ellos es el respeto a la soberanía de la nación.

-El español en su región, en Cataluña.

Es un tema complejo desde el punto de vista técnico, pero las ideas son claras: cualquier español tiene el derecho y el deber de estudiar en español en cualquier parte del territorio nacional. También como españoles debemos defender la lengua catalana, la lengua valenciana, el gallego… en ese equilibrio hay que tomar la decisión más justa teniendo en cuenta que la lengua primaria debe ser el español, la lengua vehicular de la educación, porque vertebra la nación.

Inmigración.

La puerta cerrada. En casa entra el que llama al timbre, el que acredita que viene con voluntad de no insultarnos, de no llevarse la vajilla, de no agredir a nuestras hijas y que viene a contribuir a construir la nación, es muy sencillo, esto es la soberanía. Hay que proclamar el derecho a no emigrar.

-Cambio climático.

Es el tema de nuestro tiempo, de esta generación política, si no de la siguiente. Es la parte en la que intento profundizar más. Tenemos que huir de la posición puramente negacionista y también del ecologismo radical que pretende equiparar al ser humano con una planta. Debemos profundizar en la idea de la España verde y entender que el primer elemento de toda ecología es el ser humano. Por tanto, también es ecología conservar nuestras tradiciones, nuestras costumbres, nuestros modos de producción, todo eso forma parte de nuestros ecosistemas. De eso en la agenda 2030 no se habla. Para ser un conservador en el sentido bueno de la palabra, debemos conservar nuestros paisajes, nuestros bosques, nuestra agua, y eso no significa que renunciemos a la prosperidad económica.

-¿Cuál es la solución al problema que representa la Unión Europea?

En el ámbito de las organizaciones internacionales hay una cuestión, y es que no podemos resolverlo solo los españoles, sino que tenemos que hacerlo con alianzas políticas con otros estados miembros que piensen igual, o parecido. Hay que proponer una reforma del tratado y defender nuestras posiciones. Como ha sucedido con Polonia o Hungría, hay que proclamar la supremacía de nuestra Constitución por encima del tratado. Nuestro Supremo no puede sujetarse a los caprichos del TSJUE o al de derechos humanos, algo que ha hecho el PP cambiando la ley orgánica del poder judicial. Hay que explicar que somos radicalmente europeos, los antieuropeos son quienes quieren dar todo el poder a las burocracias de Bruselas y arrasar con la identidad nacional de España.

-¿Cuánto ha influido en su pensamiento su militancia en VOX? ¿Ya traía estas ideas ‘de casa’?

Hay muchas cosas que ya traía de casa. Muchas otras son la aplicación práctica de un año como diputado, sobre todo la parte de la Unión Europea que está basada en hechos, en el día a día de las comisiones en el Parlamento Europeo. Quizá el trabajo más difícil fue la distinción. No es un libro de VOX, es mi opinión personal que, en muchas cosas, comparte VOX.

-¿Se ve en un futuro entrando en una puerta giratoria?

No. Yo tengo una puerta giratoria natural que es la abogacía del Estado, que es volver al sitio de donde realmente vengo. Ahora las grandes empresas están operando como si fueran Estados, incluso con más potencia y han decidido hacer tabla rasa de todas las naciones porque las naciones son un problema.

-Usted dice que las naciones no se pueden crear a golpe de BOE, sin embargo sí vemos un intento de crear una estructura nacional a golpe de leyes y normas, en Cataluña. ¿Se puede frenar? ¿cómo?

Por supuesto, se puede frenar con soberanía y también con el BOE. Los gobiernos centrales, desde el de Suárez, el de González, el de Aznar, el de Rajoy y el de Sánchez han puesto el BOE a disposición de la ruptura nacional. Se han aceptado cesiones de competencias, modificaciones de estatutos de autonomías, transferencias, pensando que podían aplacar a la bestia y a la bestia separatista no se la puede aplacar.

-Usted ha dicho que Aznar ha sido tan traidor como Felipe González.

En una cosa concreta. Al menos es un hecho que la política lingüística en Cataluña tiene dos hitos: la ley de normalización del 83 y una ley de política del año 98 que forma parte de esos pactos del Majestic de consecuencias horribles para España y muy en concreto para Cataluña. Ahí (Aznar) no tuvo un acto de decencia política.

-¿Cómo podría recuperar Europa la soberanía perdida?

Tenemos que ser creativos y pensar medidas, primero para parar la deslocalización de empresas que se sigue produciendo y para recuperar a todos aquellos empresarios que, con incentivos fiscales, decidieron irse fuera, para que vuelvan aquí. Hay que impedir que las empresas españolas se vayan y eso sume pérdida de empleos y no solo pérdida de ingresos fiscales que es lo que les preocupa a algunos. A mí me preocupa mucho más la pérdida de empleos. Esto es posible porque muchos países lo han hecho en la historia.

-¿Está usted preparado para que sus compañeros de partido disientan de alguna parte de su libro?

Por supuesto, y encantado de recibir críticas, comentarios, consideraciones. Esa es la grandeza de VOX como movimiento, a mí me cuesta definirlo como partido aunque lo sea. Estamos haciendo mucho más, que es abrir debates culturales y VOX tiene una responsabilidad en la historia de España que es la de abrir todos esos debates y después concluir cosas que sean buenas para el bien común y para los españoles.

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